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14 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El DÍA de año nuevo, dos voces resonaron en todo el orbe. Juan Pablo II se dirigió a los dirigentes de todo el mundo, invitándoles a construir juntos los caminos de la paz y un nuevo orden internacional, concebido a partir de la experiencia de las Naciones Unidas. Y, a su vez, el director de orquesta Ricardo Mutti -desde el concierto del año nuevo de la orquesta filarmónica de Viena-, dedicó simbólicamente su primer vals a la paz y la unidad del mundo. Muchos millones de teleespectadores contemplaron uno y otro gestos. Evidentemente, el Papa y el músico estaban ofreciendo a todos los hombres de buena voluntad, cada uno a su modo, el espíritu de la Navidad. Pero, además, lo hacían pretendiendo crear así un inmenso belén viviente, como el que inició San Francisco de Asís en la villa italiana de Greccio durante la Navidad de 1223, o, entre nosotros, como aquel municipal que precedió al de Baltar o como el actual de Dacón. Ojalá sea así y dure todo el año 2004, para que siempre sea Navidad y tengan paz en la tierra los hombres de buena voluntad.