En directo Manuel Fraga fue el encargado de clausurar la conferencia internacional del sector y deseó al PTG que alcance todos sus objetivos propuestos
17 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?yer el PTG celebraba su décimo cumpleaños. No hubo tarta pero sí felicitaciones por parte de los asistentes a la segunda conferencia internacional de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España. Fueron muchos los que hicieron alusión a la consolidación de la tecnópolis, diez años después de su creación. Lo que fue voluntad en 1992 se ha convertido en realidad, según los máximos responsables del sector. Todo eran nervios en el edificio principal, el CEI, el Centro de Innovación y Empresas. Los trabajadores del parque no pararon en dos días pero mucho menos ayer, en torno a la una de la tarde, cuando se acercaba la hora de llegada del presidente de la Xunta, Manuel Fraga. Azafatas corriendo de aquí para allá, llamadas a teléfonos móviles, algún «que viene, que viene» y tensión entre los responsables. Los más implicados, por supuesto, el vicepresidente Miguel Ángel Pérez, y el gerente, Ricardo Capilla, casi recién llegado al cargo. Pero Fraga llegó sin más -como siempre a la hora en punto- y procedió a clausurar el encuentro aunque, eso sí, antes dejó que el presidente de la asociación española de parques tecnológicos hiciese balance del encuentro. «Compartir para aprender, compartir para crecer». Con esta frase, casi un eslogan, Felipe Romera dio por terminadas las reuniones de trabajo. Fraga alabó la dinamización de las economías locales por parte de los parques: «Atraen a empresas de servicios avanzados, que elevan el estándar de calidad del espacio productivo», sentenció el presidente de la Xunta. Y añadió: «El desarrollo de los parques científicos y tecnológicos es un excelente instrumento para mejorar el sistema de innovación de una región, pues representan un lugar idóneo para impulsar los productos de difusión y transferencia tecnológica desde los centros de investigación al tejido empresarial». Por lo demás, el verbo se hizo parque tecnológico. Y empezó a habitar entre los ourensanos, aunque no demasiado, el espíritu innovador.