Perfil | José Manuel Baltar Blanco El diputado autonómico y teniente alcalde del pueblo paterno de Esgos es, más que nunca, el hijo de Baltar, aunque recuerda más a sí mismo que a su progenitor
28 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.A José Manuel Baltar le siguen gustando los Beatles y el Real Madrid. Hasta relamerse. Pero ahora no recita como un autómata la cantinela de las alineaciones del club madridista por el que bebe los vientos, sino los cuatro inusitados nombres de pila de algún conselleiro de su partido; los cargos, las comisiones y el número exacto -con fecha por delante- de las apariciones de sus compañeros diputados en la cámara gallega. Lo cual dice mucho de su afición concreta por la política. Y de su buena memoria. Pese a ello, José Manuel Baltar es, ahora más que nunca, el hijo de Baltar. A tiempo completo. Con dedicación exclusiva; con esmero. No en vano se ha metido de cabeza en la vida municipal en la que flota panza arriba con un acta de concejal por el pueblo paterno (Esgos) y, no en vano, ha sido elegido por su tío y regidor, Manuel Blanco, teniente de alcalde. Pero ocurre que, precisamente por todo ello, Baltar Blanco recuerda más a sí mismo que a su padre. El hijo de Baltar, con estudios universitarios, más urbanita, mejores medios, más músculo proteico en la memoria y más prisa, carece de los requiebros paternos, por mucho que el tutor se esmere en azuzarlo, peldaño por peldaño, y adiestrarlo en la difícil tarea sucesoria -de regir el destino de la más pobre provincia española- que ambos niegan abriendo mucho los ojos mientras, al menos aparentemente, caminan en línea recta por la misma. Su primera prueba de fuego la vivió este año liderando, con el amparo de su padre, a un grupo de diputados que plantó cara al PP en defensa de Cuíña, el amigo paterno. Baltar Blanco anunció hace unos años que llegaba a la política -la delegación de Agricultura- para hacer lo que dijera su padre. Ahora dice que sólo aspira a servir a los demás. Humildemente. Como su propio padre.