OURENSE CON EL ARTE | O |
02 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL PAZO de Vilamarín presenta, como es ya sabido, una muestra permanente de Xaime Quessada, compuesta por más de ochenta piezas, sobre todo de pintura, pero, también, de escultura. Resulta especialmente interesante, dada la personalidad del artista. Quessada ha evolucionado pero siempre es el mismo: recuerda, a ese efecto, la frase de Picasso: «Yo no evoluciono, yo soy». Quessada está en continuo empeño personal de aprendizaje: como decía el maestro D'Ors, «el arte contemporáneo es, o un aprendizaje, o una farsa». Quessada, en fin, nunca se agota a sí mismo: en expresión de Malraux, «los grandes artistas no son los transcriptores del mundo, son sus rivales». Genio y figura Mercedes Rozas ha valorado el peso artístico de Quessada reconociéndole cómo «forma parte de un grupo de artistas que han tenido una importante representación en el arte realizado en Galicia durante el siglo XX». Y Salvador García-Bodaño, a su vez, concreta esa participación, al considerarle «una figura clave en la evolución de las modernas corrientes estéticas de la pintura gallega», que, en suma, ofrece «una obra de excepcional calidad y fecundidad». Ahora bien, este especialista advierte también, a propósito de Quessada, su «estudiado y riguroso mestizaje estético», propio de una «estilística plural y multiforme». Quessada es, pues, al mismo tiempo, plural y único. La explicación de ese aspecto del arte de Xaime Quessada, nos la proporciona por otra parte el mismo autor, García-Bodaño, cuando afirma que «su extraordinaria capacidad creadora se proyectó en la ingente producción alcanzada procurando las más diversas dimensiones de la expresión plástica», por arte y gracia de la «rupturista y acusada dinámica de su renovadora personalidad artística». Para ejemplificar esta característica de Quessada, valdría invocar su presencia en Arco 85, donde ocupó una caseta con sólo tres cuadros, que sumaban cinco estilos: intimismo fantástico, nueva figuración, surrealismo, expresionismo abstracto y abstracción geométrica. García-Bodaño ha identificado en la obra de Quessada hasta treinta y cinco estilos, reflejados en otros tantos cuadros e influencias concretas. Pero no se piense que esa versatilidad -esa facilidad de experimentación- despersonaliza a este artista. Castro Arines dijo de él, lapidariamente, que cumplía el dicho de «no parecerse a nadie a fuerza de parecerse a todos». No es de extrañar, por eso, que el propio artista haya reivindicado esa libertad experimental, en su «extracto para un posible manifiesto» de los años 70, donde alude a su mismo arte como receptor de «múltiples formas que abarcan realidades desde el pop art al conceptualismo, desde el neo surrealismo al hiperrealismo, etc.». Es más, Quessada reconoce cómo «lo temporal y lo atemporal, siempre están presentes en mi obra, como lo objetivo y lo relativo, lo superreal y lo abstracto, lo concreto y lo esquemático, con el manierismo y el idealismo lírico, el humanismo en lucha contra el esteticismo, el pluralismo estético contra la esclavitud del estilo, la trascendencia de la belleza contra la moda efímera». Y, además, añade: «Sí, en mí hay muchos estilos ... Hoy tengo más de cincuenta ... El estilo nada tiene que ver con la personalidad». Por eso, el libro-catálogo de la muestra comprende la dimensión abstracta, y, por demás, suma cubismo, naturalismo, simbolismo, impresionismo y expresionismo.