Violencia acústica

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

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11 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El Concello de la ciudad acaba de expedientar y denunciar a un pub por incumplir la ordenanza de ruidos, atendiendo así las quejas de los particulares perjudicados en su derecho al descanso y agredidos por esa violación acústica del espacio comprendido entre las paredes de su casa, que, después de todo, como dice el refrán inglés, es «su castillo». El local seguía, a lo que se ve, aquella máxima consagrada en la época de la colonia dentro de los dominios españoles de América: «las leyes se obedecen pero no se cumplen». Claro que, entonces, España y sus dominios americanos estaban lejos entre sí, con el charco de por medio precisamente cuando todavía se navegaba a vela; y, por el contrario, entre la zona ourensana de copas y el Concello, sólo median unos minutos a pie enjuto. Pues bien, el local en cuestión se limitaba a, primero, ralentizar, y, luego, desconectar, el limitador de sonido, a lo largo de la noche, además de incumplir de paso el horario de cierre obligatorio.Recuerda esa pasión por el ruido nocturno aquella frase del Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias: «Aúllo para sangrar el silencio de la noche» (obra Castigo de las profundidades). Algunos, es cierto, a lo que de verdad temen es al silencio, ese grito de atención subliminal a la conciencia, al pensamiento o al corazón, que para el compositor y trompetista de jazz norteamericano Miles D. Davis era «el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de los ruidos». Pero el Concello no entra a dirimir ningún pleito entre la música y el silencio: se limita a ponerla en su sitio. Y predica con el ejemplo. Ahora, a propósito de la Semana Santa, acaba de presentar la decimoquinta edición del Certamen de Música Sacra, en que tendrá lugar, además, el debut de la Orquesta de Cámara de Ourense. Por supuesto, cada música tiene su momento, lo mismo pongamos por ejemplo el jazz que la música de cámara. Pero cada cual tiene también su derecho a escuchar la música que guste, donde y cuando quiera, sin sucumbir ante el decibelio.