El presidente de la Xunta subió hasta la cima de la sierra para comprobar el funcionamiento de los aerogeneradores
04 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?anuel Fraga no le teme a nadie. Ni al Monte Meda. Ayer tomó el aire en la sierra, respiró a pleno pulmón, en la inauguración de dos parques eólicos de Iberdrola. Fue el único que no necesitó de su chófer (ayudante o auxiliar, que la denominación es lo de menos) en la cima de la montaña. Bajó del coche pertrechado con su abrigo (solapas subidas) mientras otros se encogían por el frío y esperaban a que algún alma caritativa les acercase otra prenda. Todo el mundo pasó frío pero las climatológicas son, precisamente, las desventajas de los molinos de viento del siglo XXI. Antes de subir a la sierra para proceder al descubrimiento de la pertinente placa, antes de comprobar sobre el terreno todo lo que Iberdrola ha hecho en ese trozo enorme de Ourense, los responsables de la empresa explicaron en en el Concello de Xunqueira de Espadañedo cuáles son sus previsiones de inversión en Galicia. Como todos los pueblos que visita Fraga, Xunqueira estuvo (un poco) de fiesta. Alguna corbata para dar la bienvenida al presidente de la Xunta. Alguna corbata que sirvió a los más avispados para colarse en los autobuses dispuestos por Iberdrola para que las autoridades subiesen hasta el parque eólico. La inauguración estuvo rodeada de espectaculares, espectacularísimas, medidas de seguridad. Policías nacionales (muchos), guardias civiles (muchos también), vigilantes de seguridad privada y hasta miembros de Protección Civil desperdigados por las instalaciones de la casa do concello de Xunqueira, sin perder detalle. Después de una noche movidita, por los ataques a sedes del PP, no se dejó nada a la improvisación. Tras la inauguración y una visita especialmente agotadora, cátering. Una furgoneta del ourensano Sanmiguel abrió el apetito a todos los que abandonaban el lugar, allá por las dos de la tarde, con los molinos (y Fraga, más que nunca) en movimiento. El presidente de Iberdrola, Iñigo de Oriol, y el vicepresidente ejecutivo, Ignacio Galán, fueron las otras cabezas visibles de la cita. Una cita con el viento. Para tomar el aire. Porque Galicia, dijeron, reúne condiciones óptimas para la explotación de la energía eólica. Porque en Ourense nos gustan los molinos. ¿Y los quijotes?