Las Xornadas de Folclore de la Diputación resultan una escuela cultural más allá de cada espectáculo El esplendor de los espectáculos de las Xornadas de Folclore sobre el escenario es una pequeña parte de lo que hay más allá de trajes, ritmos y colorido. Nos vamos al cuartel general, la Universidad Laboral de Ourense.
13 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando el despertador suena a primera hora, 367 personas se ponen en marcha. En la residencia del centro educativo duermen 280 invitados en unas noventa habitaciones. Los grupos de Buriatia y Bulgaria lo hacen en un hostal por ser imposible alojarlos a todos.. En el centro se respira educación, tranquilidad y la alegría de entablar contacto con gentes de todo el mundo. La organización no para. Al día le faltan horas. Al mediodía Julio Senra celebra reunión con 30 guías que hacen de intérpretes y atienden a cada grupo. El teléfono de la cabina arde. «Xa non llelo damos a ninguén porque sempre está colapsado», dice Senra. Todos llaman desde ahí con monedas o tarjeta. La residencia de la Laboral parece la ONU con dos guardias de seguridad, dos administrativos, once cocineros y sus ayudantes, que ayer prepararon paella, pollo empanado con ensalada y yogur. En la mesa no se sirve alcohol sino agua y zumos. Al hacer cola en el autoservicio, para aliviar la espera, venga palmas y movimiento. Y ya en la mesa, el juego del tenedor con un trozo de pan que porta una chica y se lo entrega al mozo que más le guste al ritmo todos de palmas y un «¡Que va, que va!». Los de Buriatia comen con té caliente. A los tuaregs no se les deja hacer fuego de noche para beber té y cantar. Por razones de ruido en la ciudadse les permite hacer lo mismo pero sin fuego, dentro. Primero calentaban el té con una plancha. Luego pidieron un cámping gas. Un año repitió Burundi pero no sus danzantes. Habían muerto en la guerra. Para muchos es un sueño estar aquí. Hoy acaba todo. «Aquí sólo hay cordialidad, nobleza y sencillez de todos», dice la directora de la residencia, Lola Ruiz. Esta gente enseña a dar menos importancia a nuestro problemas.