RUTH NÓVOA EN LA CALLE Con la bobada de la tormenta estoy que no me hayo en las fiestas. Ayer fue un día raro. Climatológicamente hablando. O no. La cosa es que no había mucho ambiente en la calle, por más que se empeñasen, y se empeñaron, las charangas. Y es que, aunque no exista explicación razonable, esa música tiene algo. Es indiscutible. Y más si te persigue a lo largo de todo el Paseo. Pero tampoco es cuestión de ser derrotista. Ni negativo. A lo mejor sí hay ambiente. Y lo que pasa es que yo no lo encuentro. Me quedan seis días.
03 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Bochorno. Me paso todo el día temiéndome la tormenta entre sofocos, por este calor extraño. Aparece una charanga en los estudios de Radiovoz pero no consigo animarme ni con esas. Me da a mí que hoy no tengo el cuerpo para fiestas. Repaso el programa. Creo que lo de los juegos infantiles ya me rebasa. Es probable que mis amigos madrugadores, que empiezan a trabajar a una hora razonablemente temprana, no se animen a la cañita en la plaza, con Antón Seijo y Cristina Pato como banda sonora. Y mucho menos a un mojito en el rollito cubano de la Alameda. Así que reparo en el teatro de calle -la sexta edición de la Mostra de Teatro de Rúa- que en el año pasado me cautivó. Y decido ponerme, simbólicamente, el traje de fiesta. Actuá Latitili Teatre -volverán a hacerlo hoy- en las inmediaciones de los Jardines del Padre Feijoó. Se oye música, bullicio, gente que se para sorprendida... Sin tiempo para el «Empiece ya...» una de las actrices nos emplaza a las nueve, una hora más tarde de lo previsto en el horario. Mi gozo, de verdad, en un pozo. Pero cuando estoy a punto de caer en la más absoluta de las apatías, la charanga Ecos del Cidacos se pone en marcha, con su uniforme verde. Y me salva de lo insalvable. Me rescata del peligro de olvidar que estamos de fiesta. El Corpus, ya se sabe. Benditos ellos.