En el siglo XVIII existían cinco capellanías en la iglesia de Santa Mariña, cifra elevada en relación con su población A finales del Antiguo Régimen era muy habitual en cada una de las iglesias de la comarca de Valdeorras la existencia de alguna cofradía o capellanía. Por la visita pastoral llevada a cabo en la comarca durante el día 20 de junio del año 1749 por el entonces obispo de Astorga, Matías Escalzo y Acedo, sabemos que en la iglesia de Santa Mariña de Rubiá existían cinco fundaciones de capellanías. Se trata de una cantidad que resultaba realmente grande para un pueblo valdeorrés tan pequeño, en el que el censo de población apenas alcanzaba los 136 vecinos que pagasen el impuesto de las primicias.
21 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Estas capellanías eran las del la Virgen del Rosario de la que era titular Pedro Ares, presbítero natural y vecino del pueblo de Rubiá; San Policarpo, que poseía el presbítero Francisco Delgado, también natural y vecino de Rubiá; Nuestra Señora de la Concepción, de la que era capellán José López Gayoro; Santa María Magdalena, disfrutada por diego de Losada y Quiroga; y Nuestra Señora del Camino, poseída por Antonio Núñez, natural de Rubiá y clérigo de Prima Tonsura. De las cinco fundaciones, ninguna tan ligada al pueblo de Rubiá ni que gozase de tanta repercusión no sólo religiosa sino también social puesto que su ermita situada al borde del camino _calzada romana y Camino Real_ es un edificio emblemático del pueblo formando parte indisoluble del mismo. Sobre esta ermita, que según apunta el profesor López Caneda no está en su emplazamiento primitivo sino ligeramente desplazada hacia un lado, el abad de Rubiá en el año 1824, Alonso González, dejó escrito lo siguiente: «Hay una capilla o Hermita titulada Nuestra Señora del Camino, situada fuera del casco del lugar, a la salida de Villafranca, propia del pueblo y sin renta alguna, la que se compone y repara a expensas de él cuando no llegan las limosnas de los fieles». «Es útil en la situación en que se halla pues además de excitar la devoción de los fieles, tiene cobertizo donde se refugian los forasteros y labradores cuando andan en el campo y suele haber lluvias fuertes con las que se intercepta el paso de un arroyo que pasa por entre ella y el pueblo», añade. La capellanía de la Virgen del Camino fue fundada en marzo de 1660 por Pedro Núñez y Marina Vega, personas casadas, vecinos y naturales de Rubiá. Este matrimonio, en su declaración inicial, manifiesta su deseo de fundar una «Capellanía y Aniversario Perpetuo» en la iglesia de Santa Mariña. La declaración debía ser remitida a Astorga, capital de la diócesis, para su conformidad y firma por el obispo. Pero como quiera que por aquel entonces estaba al frente de la mitra asturicense fray Nicolás de Madrid, insigne prelado maragato que se distinguió por su labor constructiva en favor del santuario de As Ermidas, fue a aquel bello paraje bolés a donde se dirigió dicho escrito. El señor obispo lee, estudia y firma el escrito y da licencia definitiva para la fundación peticionada sobre la que Domingo Núñez, sobrino del matrimonio firmante de la petición y clérigo de Órdenes Menores, que se ordenaría sacerdote. Sostenimiento Obtenida la licencia el matrimonio funda Capellanía colativa de patronato de legos con la advocación de Nuestra Señora del Camino, señalando que sobre el capellán gravaría perpetuamente la obligación de decir una misa el día primero de cada mes. Para el sostenimiento de la capellanía y de su titular se reservaban los bienes siguientes: «Una casa de alto y bajo en Rubiá; un huerto _viñal_ de dos tegas; cuato cortiñas _Foio Lóngara, Cuateiradas y Poula de Antón_, de 17 tegas; dos prados _Sobrado y Lourenche_, de 16 tegas; tres sotos de castaños _Córrego, Carreira y Carballosa_; cuatro viñas _Xeadre, Forazo, Fazán, Barreiro_, de 31 jornales; siete tierras _Treval, Xeadre, Vascois, Ponticela, Felgueiras y Baticoba_, de 63 tegas; dos heredades _Chas y Valcarrapata_, de 20 tegas; y una tina de cocer y sangrar de ocho moyos de capacidad». Todos estos bienes estaban localizados en el término de Rubiá y estaban libres de «pensión y tributos».