La verdad es que el mercado inmobiliario de Madrid debe estar muy tensionado, especialmente el de áticos, hasta tal punto que el Gobierno de la comunidad madrileña ha comprado-vendido-comprado-vendido unos áticos en uno de los barrios más chulis de la ciudad. Como no se sabe con qué finalidad, o, mejor dicho, como cambia de un día para otro, el escándalo es mayúsculo.
Como a la presidenta le «gusta la fruta», algunos medios publicaron que pretendían instalar una tienda de fruta en la superterraza, pero yo nunca me lo creí. Al ser preguntados por el mecanismo de la compra respondieron que no fue con fondos propios, ni mediante hipoteca; la compra, con acuerdo de confidencialidad, se realizó por el nuevo método de «es para para reconstruir la sierra oeste tras los incendios».
Sobre la cuestión no dieron explicación alguna, remitiendo a la prensa, al consejero y al presidente de la sociedad pública mercantil Planifica Madrid, a quien le han pasado el marrón. A mí no me sorprende que una presidenta quiera comprar un piso de lujo. Lo que me llama la atención es que se lo compren y todo el gobierno de la comunidad se lo trague, pero vayamos a la cuestión.
Los ricos de verdad, o la aristocracia que heredamos del franquismo, tienen cierta tendencia a comprar edificios enteros, o chalés de lujo, no se andan por los áticos. Si no están de acuerdo, citen alguna familia relevante del antiguo régimen que viva en la escalera cuatro, segundo b. No existe, salvo que se hayan arruinado.
Por el contrario, los aspirantes a ricos, o algunos políticos, prefieren subirse a los áticos no para evitar ruidos ni por las vistas, sino porque el ático los sitúa por encima de todos los demás vecinos del edificio. También hay políticos, y particulares, que, como Tarzán, saltan de ático a ático, aunque cambiando las lianas por las comisiones, pero no lo duden: es mejor un piso en Atocha que un mal rollo en Chamberí, aunque ya dijo Joaquín Sabina que «un piso en Atocha no queda tan cerca del cielo».
Siento estropearles la fiesta a los comentaristas y pseudomedios que defienden la compra y culpan a la izquierda del relato del ático, pero ya hay distintas denuncias ante la Fiscalía, el Tribunal de Cuentas y en el juzgado por la vía penal, y supongo que esto aumentará. Residencia oficial, oficinas temporales, inversión inmobiliaria, etcétera, recuerden la regla de la Navaja de Ockham: «Ante varias opciones para explicar un mismo hecho, la explicación más simple y con menos suposiciones suele ser la más correcta».
De los creadores de «Una pastelería en Notting Hill», «Una panadería en París, «Una tienda en Tokio», llega ahora la nueva entrega de la serie: «Un eclipse en Chamberí», una apasionante historia de amor y lujo. No se la pierdan porque salen Cristina Cifuentes y Pablo Casado.
En fin, basta de mentir, todo el mundo sabe que el ático se compró para ver el eclipse.