Dios no tiembla

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

Rescate de víctimas de los terremotos en Venezuela.
Rescate de víctimas de los terremotos en Venezuela. Boris Vergara | EFE

Venezuela es tierra de gente guapa, lista y buena. Conozco muchos venezolanos y venezolanas y no se merecen tanta desgracia. Ahora que parecían salir de treinta años de secuestro o de exilio, de vaciado o destrucción de sus riquezas naturales, ahora que Venezuela empezaba a soñar con volver a ser aquella Venezuela, les cae encima un doblete sísmico, algo tan aterrador e improbable. Cuando escribo, todavía cientos de personas, quizá miles, bracean enterradas en escombros, luchando por respirar y confiando en que lleguen los equipos de rescate antes de que se les acabe el aire y la vida. Aparecen, como suelen, los relatos de salvamentos milagrosos, imposibles, que consuelan poco de tantas historias tremendas, de tantas familias completas desaparecidas. Me está doliendo mucho esta tragedia. Nadie merece semejante infortunio, pero Venezuela, menos.

Muchas personas se preguntan hoy, como en otras ocasiones, por qué Dios tolera esto. Es una pregunta clásica para entender por qué Dios permite el mal o para poner en duda su existencia.

La respuesta, sin embargo, interesa a pocos: Dios respeta las leyes de la naturaleza y Dios respeta nuestra libertad. Las placas tectónicas se mueven según su ser y los hombres según su libertad. Cabe preguntarse dónde estaba Dios cuando cayeron tantísimos edificios, pero hay que preguntarse a la vez dónde estaban los gestores políticos cuando se construyeron sin asegurar previamente la calidad de instalaciones y materiales. O dónde estaban los que administraron hospitales infradotados, inservibles, sin capacidad de respuesta. Dónde los que robaron o se llevaron los recursos a sus cuentas en paraísos financieros o los gastaron en quién sabe qué.