Los calambres musculares son contracciones intensas y dolorosas que pueden afectar a cualquier músculo del cuerpo. Son especialmente frecuentes en las extremidades inferiores (cuádriceps, isquiotibiales y, sobre todo, pantorrillas).
Tradicionalmente se pensó que la deshidratación y/o los bajos niveles de electrolitos como sodio, potasio y magnesio los provocaban. El primer artículo científico sobre calambres musculares fue escrito en 1908. Entonces, el doctor Edsall observó que los trabajadores de minas y barcos de vapor, a menudo en condiciones de calor y humedad, sufrían calambres con frecuencia. No hay duda de que los humanos habían experimentado calambres mucho antes de que Edsall se interesara por este fenómeno, pero este fue el primer intento de explicar por qué ocurrían.
Dado que eran los trabajadores en entornos cálidos y húmedos en quienes se producían, la hipótesis inicial fue que la sudoración era el problema, o más específicamente que los calambres se desencadenaban por la pérdida de líquidos y minerales del cuerpo. Pero aunque son una causa que puede provocarlos en algunas ocasiones —como cualquiera que haya tenido un calambre nada más meterse en una piscina o en el mar, o incluso durante la noche en cama— se sabe que hay ocasiones en las que no se puede culpar a estos factores de su aparición.
La evidencia científica sugiere que el sistema nervioso es la causa más probable: las motoneuronas alfa son células muy especializadas que se ubican en el tronco encefálico y la médula espinal. Estos nervios se comunican con el músculo, indicándole cuándo contraerse, y se regulan gracias a la información que los receptores que hay en los propios músculos les envían. A medida que estos se fatigan, se altera el equilibrio normal entre las señales del sistema nervioso que dirigen la contracción y la relajación muscular, porque los husos musculares, que detectan el estiramiento, aumentan su frecuencia de activación, mientras disminuye la retroalimentación inhibitoria de los llamados órganos tendinosos de Golgi (unos receptores nerviosos situados en la intersección de las fibras musculares y los tendones). En otras palabras, los músculos reciben señales contradictorias sobre si contraerse o relajarse. El resultado es una activación excesiva de las neuronas motoras que estimulan las fibras musculares que hace que se produzca una contracción sostenida e involuntaria: lo que llamamos un calambre.
El dolor y la discapacidad resultantes suelen limitar el movimiento de la extremidad afectada, aunque el proceso —por fortuna— suele resolverse espontáneamente al cabo de un tiempo variable, que a quien lo padece le suele parecer eterno.
En esas condiciones, pensar en correr tras una bola o hacer un cambio brusco de dirección es utópico. Y sin embargo… ¿Cómo es posible que Alcaraz fuera capaz de superarlos para acabar ganando la semifinal del Open de Australia?
La primera medida para aliviar un calambre es estirar el músculo afectado. El estiramiento alivia el calambre mediante la llamada inhibición autógena: el estiramiento aumenta la tensión dentro de la región miotendinosa, lo que provoca la activación de los órganos de Golgi y así provoca la inhibición de la neurona motora alfa, de manera que se pueda restaurar la relación fisiológica entre los impulsos excitatorios y los impulsos inhibidores que emite hacia el músculo.
La segunda medida es emplear una bebida a base de vinagre (si, han leído bien, no es una errata) o de pepinillos encurtidos. Las hay ya industriales, pero al primero que se le ocurrió fabricar esto de manera artesanal para resolver los calambres habría que darle un premio. Vale, seguro que la idea de beberse eso no es muy agradable, pero ¿es mejor seguir padeciendo el calambre y ver cómo se escapan las posibilidades de alcanzar la final? Si hay que hacer de tripas corazón, se hace y que dure lo menos posible. Existen investigaciones que demuestran que el jugo de pepinillos acorta la duración de los calambres musculares, pero no por su alta concentración de electrolitos, como se pensaba al principio. De hecho, incluso pequeñas cantidades de ese brebaje tardan unos 30 minutos en salir del estómago y por lo tanto, los niveles de electrolitos en sangre no aumentarían con la suficiente rapidez como para explicar el alivio de los calambres. Sin embargo, el ácido acético del jugo de pepinillos (del vinagre) tiene un sabor desagradable y se cree que estimula químicamente un reflejo en la parte posterior de la garganta que disminuye casi inmediatamente la actividad de las neuronas motoras alfa, lo que provoca la relajación muscular. Ni siquiera es necesario tragárselo para activar el reflejo, que puede aliviar los calambres en menos de 3 o 4 minutos.
A partir de ahí, lo que queda es dejar que los músculos vayan relajándose, mantener una buena hidratación y reposición de electrolitos (en Melbourne, las condiciones climáticas favorecían la perdida intensa a través del sudor), y confiar en que la resolución llegue antes de que la última bola se juegue.