Algunos líderes tecnológicos alzan su voz, atrapados por un súbito interés en la libertad de expresión de los menores justo ahora que afloran en Australia y Europa iniciativas para reparar las consecuencias que el mal uso de sus redes sociales por los niños pueden llegar a generar. Tiempo han tenido, mientras no hubo normas, para crear en internet una burbuja resguardada para jóvenes usuarios en la que poder confiar, del mismo modo que nadie cuestiona ni politiza que el patio del colegio sea un lugar seguro donde la autonomía tenga sus reglas. Si hubieran querido habrían podido hacerlo, pero ha sido más rentable pescar en un río revuelto que muchas familias, por mil razones diversas, no han podido o no han querido supervisar.
Sobre aristas de tanta actualidad como estas invita a reflexionar Salvador, el nuevo thriller adictivo que Daniel Calparsoro ha estrenado en Netflix con Luis Tosar como protagonista. Es una historia con ritmo y acción que quiere hacer pensar que los valores no vienen de serie y cómo y por qué hay que inculcarlos en casa para que no sea otro el que ocupe ese espacio. Coloca al personaje encarnado por Tosar, un conductor de ambulancias «exmédico, exalcohólico y exsimpático», ante la obligación moral de investigar las razones por las que su dulce hija fue captada por un grupo neonazi y emprendió sin culpa ese camino hacia el mundo ultra.