Un buen bombardeo

Pedro Armas
Pedro Armas A MEDIA VOZ

OPINIÓN

Kevin Lamarque | REUTERS

13 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Venezuela es un país en crisis. En los inicios de la revolución bolivariana, cuando Chávez nacionalizó grandes empresas, la recaudación petrolera aumentó exponencialmente. Pero con Maduro el país perdió el 90 % de su riqueza, en una caída sin precedentes. La crisis económica es evidente: deuda externa, embargo petrolero, colapso de precios del crudo, hiperinflación, desabastecimiento de alimentos y medicinas, falta de servicios básicos, dolarización mercantil, etcétera. La crisis social también: el 85 % de la población se encuentra en pobreza multidimensional, y el 50 %, en pobreza extrema. Se contabilizan ocho millones de emigrantes. Mientras, la corrupción instalada en el poder y el narcotráfico, en la selva. Sin embargo, Trump no ataca Venezuela para revertir la crisis o solucionar los problemas de los venezolanos, sino porque se lo ha sugerido Marco Rubio, secretario de Estado de su círculo de confianza, ligado a la oposición venezolana, muy implicado en que sus amigos empresarios se hagan con las reservas de gas, petróleo, oro o coltán; a Rubio le interesa más el Orinoco que Caracas. Lo de la «guerra contra las drogas» sirvió para bombardear narcolanchas en el Caribe, como prácticas previas al bombardeo del territorio venezolano.

Equiparando narcos a terroristas, Trump ha ampliado el margen para el uso de la fuerza. Invocando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, aquel acuerdo derivado de la doctrina Monroe, se ha quedado con lo que le conviene, y no con la condena al uso de la fuerza para resolver conflictos entre países o con la defensa mutua en caso de agresión. Ha decidido llevar a cabo una doble estrategia en el exterior: guerra comercial, arancelaria, con países lejanos, y guerra neocolonial, intervencionista, con países cercanos, los de su «patio trasero». No obstante, lo que preocupa a Trump son las próximas elecciones de medio mandato (midterms), de cara a las cuales le conviene dar imagen de mano dura, sobre todo con los más débiles (inmigrantes, países en crisis).

Partidarios de Trump, como Abascal y Ayuso, que suelen identificar a Sánchez con Maduro, no descartan un bombardeo para eliminar al enemigo en el poder. No vendría mal un bombardeo previo en las Rías Baixas, contra planeadoras de narcotraficantes, para disimular, y un «bombardeo selectivo» en Madrid, contra la Moncloa, la sede de Ferraz y el chalé de Galapagar, para marcar autoridad. Y es que a los autoritarios nada les gusta más que un buen bombardeo.