El otro rey mago

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

06 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace muchos años que traje a estas páginas la historia de Artabán. La escribo para que no caiga en el olvido y se diluya entre la pléyade de leyendas perdidas. No consta en las sagradas escrituras y ni siquiera en los evangelios apócrifos. Se debe al buen hacer literario de un escritor norteamericano, Henry Van Dyke, que se lo regaló a sus hijos convertido en un relato navideño. Seguramente siguió los pasos de Charles Dickens y su célebre Cuento de Navidad.

Se habían dado cita en Borssipa, una antigua ciudad de Mesopotamia, sus majestades los tres reyes de Oriente, los magos astrónomos Melchor, Gaspar y Baltasar, que aguardaban al cuarto rey. Esperaban a Artabán para emprender el largo camino que guiaba una estrella, el cometa que los llevaría a Belén, donde rendirían viaje para adorar a Jesús, que acababa de nacer.

Llevaban presentes de oro, de incienso y de mirra. El más anciano era Melchor, sabio y bonachón, que siglos mas tarde sería imitado por un impostor, por Papá Noel, que se adelantaría a los tres reyes para traer a los niños del mundo juguetes y regalos. El señor Noel no consiguió borrar el prestigio de sus majestades de Oriente, que siguen acudiendo puntualmente a lomos de sus camellos a los hogares del orbe católico, cada noche del día 5 de enero.

Gaspar es un rey de mediana edad que no compite con nadie. Es distraído y pelirrojo de pelo y tez, y Baltasar, el más joven y amigo de los niños pequeños, es al que las escrituras denominan fusco, el rey negro, generoso y divertido, un sí es no juguetón.

Los tres siguieron la ruta señalada sin esperar más días la llegada de Artabán, quien cargado de piedras preciosas se entretuvo auxiliando a los más necesitados, a los menesterosos, a los más pobres, a las mujeres que sufrían maltrato, y llegó a Palestina treinta y tres años después de iniciar el camino. Al entrar en Jerusalén, ascendió al Gólgota donde estaba crucificado Jesús, el Niño nacido en Belén, que en ese momento agonizaba.

Una mujer se acercó a Artabán y le suplicó ayuda, pues iba a ser vendida como esclava. El viejo mago le obsequió con el último regalo que aún conservaba, un rojo rubí de gran tamaño. Al entregárselo, Jesús sonrió antes de morir en la cruz.

Poco después fallecería nuestro querido Artabán y le pareció escuchar que le decía Jesús que pronto estaría con El en el Paraíso.

Está es la historia resumida del cuarto rey mago, la escribo para que no se pierda y permanezca oculta entre mil historias olvidadas. Es mi pequeño regalo de Reyes.