Galicia ante el reto sísmico: más datos y menos riesgos

Pablo Núñez Fernández LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

LOMBARDERO

31 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La reciente actualización del Plan de Riesgo Sísmico (Sismigal) pone sobre la mesa una realidad geológica que, aunque silenciosa, nos define. La noticia de que Ourense y Lugo son las provincias más vulnerables ante un posible terremoto no debe alarmar, sino llamar a la acción basada en el conocimiento y la prevención.

Desde el Colegio de Geólogos (ICOG) insistimos en la importancia de «escuchar a la Tierra». Esto significa investigar nuestro subsuelo para anticipar y mitigar riesgos. La actualización del Sismigal, tras más de quince años, es un paso necesario. Identifica zonas de mayor peligro y recomienda, acertadamente, que seis municipios elaboren planes de actuación específicos. Esta es la senda: pasar del análisis general a la acción local.

Muchos aún recuerdan el sismo de 1997 con epicentro en Triacastela, el mayor registrado en nuestra historia. Su memoria debe impulsar nuestra preparación hoy. La vulnerabilidad no reside solo en la probabilidad de un sismo, sino en la capacidad de nuestro entorno para resistirlo. Un parque de edificios envejecido, sobre todo en el rural, incrementa el riesgo.

Como geólogos, defendemos que la ordenación territorial y la protección civil partan de un mapa geológico detallado. El conocimiento de las fallas y del terreno es la base para planes de prevención y edificaciones seguras. En este sentido es crucial revisar y actualizar la aceleración sísmica de cálculo empleada en la normativa de construcción. Diversos estudios técnicos sugieren que esta variable, fundamental para el diseño sismorresistente, podría estar minimizada en Galicia, lo que nos obliga a ser más rigurosos en la planificación urbana y en la edificación.

La colaboración entre administraciones, investigadores y colegios profesionales es fundamental. Los geólogos aportamos el conocimiento técnico para que la planificación sea una acción proactiva que garantice la seguridad. Para ello es imprescindible ampliar la red de estaciones de medida sísmica en la comunidad, ya que una mayor densidad de sensores nos proporcionaría datos más precisos sobre la actividad del subsuelo, mejorando así la modelización del riesgo. La actualización del Sismigal es una oportunidad para reforzar este compromiso, invertir en investigación y fomentar una cultura de la prevención. Porque escuchar a la Tierra no es solo ciencia, es responsabilidad social.