Tanques para jugar a la guerra

Ernesto Sánchez Pombo
ernesto sánchez pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

DPA vía Europa Press | EUROPAPRESS

29 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Tenemos miles de millones de dólares oxidados. Para ser más exactos, unos 4.000 millones que alguien decidió un día dedicar a la compra de carros de combate para que se enmohecieran en un cobertizo. Y ahora, cuando se necesitan, nos enteramos, porque nos lo estuvieron ocultando, de que la práctica totalidad no están en disposición de ser utilizados y que se necesita otra partida para ponerlos a andar. 

La decisión del Gobierno español de unirse a la coalición de países que acordó el envío de tanques a Ucrania, no se sabe muy bien para qué, ha revelado cómo nos gastamos el dinero en este país. La ministra Robles, uno se imagina que avergonzada y ruborizada, al tiempo que daba cuenta de la decisión, reconocía el mal estado del material bélico. «España es verdad que tiene Leopard, pero la inmensa mayoría de los que tiene, y podrían en su caso ser entregados, necesitan una puesta a punto y algunos otros están en un estado lamentable», dijo la ministra que hace solo unos meses tachaba de descabellada la posibilidad de enviar estas armas a Ucrania.

Porque, ante un gasto de este tipo, hasta el empresario más torpe se preguntaría y estudiaría su rentabilidad. Y de ser tan evidente como la que nos ocupa, desistiría de la compra. Porque, desde que se realizó la brillante operación, a once millones por unidad, ¿en cuántas ocasiones se utilizaron los 108 del modelo 2A4, comprados a Alemania a mediados de la década de los noventa, y los 239 de los denominados 2E, fabricados aquí? Y, cuando se decidió su adquisición, ¿en qué conflicto estaba previsto que interviniese España o qué perspectivas había de hacerlo en el futuro? ¿Alguien pensó en invadir Portugal o que nos invadiese Francia? Y, si se necesitaban, si había peligro de ataque, ¿cómo es que se dejaron pudrir? Dicho de otra manera, ¿qué talentos de nuestros gobiernos, fueran socialistas o populares, y en función de qué, decidieron tirar por la alcantarilla casi 4.000 millones de dólares?

Al margen del bochorno que supone reconocer ante el mundo que compramos material bélico para jugar a las guerras por los montes del Pirineo, deberían de explicarnos los criterios y responsables de tal disparatado despilfarro. Porque esta decisión no la tomó un cabo furriel. Estamos acostumbrados a que se monten grandes broncas para destrozar al contrario por cualquier nimiedad, pero miran hacia otro lado cuando la responsabilidad del derroche es compartida por los dos principales partidos, que fueron los que gobernaron desde que el primer Leopard entró en España.

Esto de tener aparcados en unas naves casi 4.000 millones de dólares no se lo permiten ni los más ricos del planeta. Pero en nuestro reino, la opulencia camina por las calles. Ya nos lo recuerdan periódicamente Cáritas e Intermón cuando nos dan los datos de la miseria en la que viven muchos de nuestros vecinos.