No trabajar más allá de lo pactado

Pedro César Martínez Morán DIRECTOR DEL MÁSTER EN RECURSOS HUMANOS DE COMILLAS ICADE

OPINIÓN

EXTENDA | EUROPAPRESS

El paradigma del trabajo como centro de la propia existencia de las personas está en duda. Vivir para trabajar o trabajar para vivir. Mismo debate con actores diferentes. Las redes sociales viralizan motivos en favor de uno u otro argumento.

El último invitado a la discusión y que nace en una red social es el quiet quitting. Este concepto se viene traduciendo como una dimisión interior o renuncia silenciosa. No supone una actitud perezosa o deseosa de abandonar las responsabilidades. Por el contrario, prioriza la concentración en las tareas y funciones pactadas. Pero no quiere extenderse más allá de eso. Se erige como una protesta casi invisible. Algunos autores subrayan que el quiet quiting está relacionado con la existencia de malos jefes o con que haya ambientes tóxicos en las organizaciones.

El viento de cola de la cultura organizativa preferida por los trabajadores empuja desde hace varios años en favor de la conciliación de la vida laboral y personal y de un incremento en la autonomía y flexibilidad. Las organizaciones ya no se mueven apoyadas en el singular de una sola persona. Necesitan la combinación plural y coral de todos.

La irrupción mundial del teletrabajo ha originado ciertas dificultades a la hora de comunicarse con jefes, compañeros y colaboradores, y también sensación de aislamiento. Igualmente, ha generado inconvenientes a la hora de separar las horas de trabajo de las horas personales. Varios países han preferido apuntalar legislativamente la desconexión digital como ayuda para equilibrar mejor ambas esferas.

Trabajar beneficia porque integra en la sociedad. En la actualidad, hombres y mujeres de diferentes generaciones conviven en los lugares de trabajo y aportan su propia visión de la realidad que le circunda. El compartir un propósito beneficioso común, desagregado en objetivos, individuales y de grupo, aporta una energía necesaria para el desempeño de las tareas diarias.

Los momentos de pausa, duda, crisis o reflexión aparecen a lo largo de una carrera profesional. Resulta difícil mantener un ritmo constante. Forman parte del juego. Las organizaciones tienen el reto de ofrecer un menú cada vez más variado de opciones para mantener un buen ambiente de trabajo, involucrar a las personas y generar compromiso ante las dificultades. Esas condiciones permitirán amortiguar la falta de certidumbre, afrontar los conflictos, resolver los problemas y ajustar el mal liderazgo que provoca malestar y deja un reguero de renuncia tácita con el proyecto.