Muchos hombres sufren una enfermedad muy incapacitante en la esfera sexual. Se trata de una curvatura peneana que puede ser congénita en jóvenes o bien adquirida en años posteriores de la vida. Se llama enfermedad de La Peyronie, una induración plástica que se caracteriza por la formación de una banda fibrosa en la túnica albugínea de los cuerpos cavernosos del pene que provoca la desviación o curvatura del miembro durante la erección. Dependiendo de la extensión de la banda, el proceso puede imposibilitar la penetración o hacer que la erección resulte dolorosa para el paciente o para su pareja.
Su nombre se debe al médico francés Francois Gigot de La Peyronie, cirujano del rey Luis XV de Francia en el siglo XVIII. Aparece en el 1 % de los hombres de raza blanca, rara vez entre la raza negra y no ha habido casos descritos en orientales.
Los principales factores de riesgo son traumatismos en pene flácido o erecto durante el acto sexual, obesidad y tabaquismo. También se ha relacionado con patologías como hipertensión arterial, diabetes mellitus y dislipidemia.
En las fases iniciales de la enfermedad se intenta corregir la curvatura con fármacos que buscan minimizar la fibrosis e impedir la calcificación de la placa. Incluso se emplean aparatos de tracción para estirar el pene y disminuir el grado de incurvación, con el mismo concepto que las mujeres del pueblo padaung, mejor conocido como Kayan Lahwi, una etnia tibeto-birmana que ha llamado la atención mundialmente por sus mujeres jirafa: aquellas que usan anillos de metal, uno tras otro, para crear la ilusión de haber alargado su cuello.
Cuando ya no hay respuesta a medicación el siguiente paso es la cirugía mediante la llamada cavernoplastia, consistente en alterar la morfología del pene intentando enderezar y recuperar la forma cilíndrica bien dando unos puntos de plicatura en el lado opuesto a la lesión, o bien alargar la zona enferma mediante un injerto de mucosa bucal.
En las fases finales de la enfermedad, a la que no progresan muchos hombres, donde la curva es muy acusada (más de 60 grados) y se asocia disfunción eréctil, la única solución eficaz es la colocación de una prótesis de pene.
Dicha cavernoplastia también es empleada en hombres que, no teniendo estas patologías pero que sufren acortamiento peneano, precisan aumentar su longitud mediante incisiones en forma de elipse y la interposición de injertos.
En los siglos pasados padecer estas enfermedades peneanas implicaba perder totalmente la capacidad sexual, incluso con indicación de amputación. Hoy en día la urología ofrece recursos que devuelven la funcionalidad completa.