A una la rompieron el cráneo y le destrozaron el rostro, a otra la hirieron con un arma blanca y acabaron con su vida. A otra más le clavaron un cuchillo y la mataron delante de sus hijos. A veces las nombramos con unas iniciales, en otras ocasiones con el nombre completo, y casi siempre les añadimos su edad, tenían 50, 52, 40... Y últimamente les aportamos un dato que queda en un registro que cada día se eleva y eleva en un récord terrorífico. Hoy la marca está en 1.147. Esas son las mujeres asesinadas en España desde el 2003, año en el que se decidió que las víctimas machistas debían, al menos, contabilizarse. Pero desde entonces seguimos en ese mismo enjambre, en ese delirio de angustia que supone enfrentarse a un maltratador en casa, a un padre y a un marido que veja, que insulta, que te empuja y un día, porque él no sabe controlarse, te levanta la mano. Una pareja que controla, que asfixia, que cambia de humor, que salta a la mínima, se enfurece y de pronto te clava un puñal o te golpea con saña hasta romperte el cráneo. Lo hemos leído mil veces, lo hemos relatado mil veces y el terror no cesa. Los hombres que no matan a las mujeres deberían levantarse con nosotras y decir ¡basta ya! en su defensa. Ayer en Carballo, aquí mismo, le destrozaron el cráneo a Alejandra, de 44 años, que había denunciado a su pareja por insultos. Ahora está en el Chuac en estado crítico. Recemos por que no sea otro número.