Ser mujer

Luis Ferrer i Balsebre
luis ferrer i balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Santi M. Amil

29 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Recientemente me preguntaban en una entrevista si en mis años de ejercicio como profesional de la psiquiatría percibía algún cambio en las patologías. Evidentemente respondí que sí, con matices. 

La patología mental severa sigue siendo la misma, con la misma incidencia de siempre y en la que solo cambian algunos contenidos de la locura. Es en la patología llamada menor (cuadros depresivos, de angustia y de ansiedad en todas sus variantes) donde se observan más cambios, así como un mayor aumento de casos.

Estas patologías son más sociodependientes que psicodependientes, es decir, producto del clima social, y que presentan un cierto efecto contagio, sobre todo, entre la población infantojuvenil y, de forma más relevante, entre las niñas y adolescentes, destacando el aumento de todo el espectro de los trastornos de la alimentación, las autolesiones y la llamada disforia de género.

En Suecia, país pionero en implantar tratamientos de transición de sexo, aumentó un 1.500 % la demanda entre niñas de 13 a 17 años; en España no disponemos aún de datos relevantes.

Cabe pensar que, tanto la anorexia nerviosa como la disforia de chicas que quieren transicionar a hombres, tienen como común denominador que en ambas patologías se huye de la feminidad, más en el afán de querer borrar los caracteres sexuales secundarios femeninos, que en clave de esta psicología pop que circula por las redes con afirmaciones como «sentirse hombres atrapados en un cuerpo de mujer» o «querer estar bien consigo mismas».

Hay muchas variables que manejar para poder interpretar esta realidad. El psicoanálisis aporta explicaciones interesantes que el compañero Manuel Fernández Blanco ha teorizado y comentado en este mismo periódico.

También la victimización de la mujer y la criminalización del hombre que estamos presenciando últimamente son variables a tener en cuenta.

Este ultrafeminismo de las leyes trans, del sí y el no, del ciclo menstrual y de la igualdad de género, acusa al hombre de ser un maltratador, un asesino, un vicioso, un acosador y un analfabeto femenino que hay que combatir, situando a muchas adolescentes en una posición difícil a la hora de construir su identidad sexual, dando la impresión de que, más que desear ser hombres, lo que no quieren es ser mujer y, por tanto, víctimas.

Con otro problema añadido para muchas adolescentes que, superada la etapa de identificación con la madre, tienen que elegir entre los dos modelos imperantes: el de amazona empoderada y masculinofóbica o el de mujer florero que exhibe sus encantos en Instagram, cosas que muchas niñas no quieren o no pueden conseguir.

La borrosidad de las nuevas identidades y el debilitamiento de la función reproductiva como característica exclusiva de la mujer pone cada vez más difícil responder a una pregunta que nunca fue fácil: ¿qué es ser mujer?