La derrota del infantilismo

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Eduardo Parra | Europa Press

19 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El presidente Núñez Feijoo, en el que siempre se piensa cuando el barco nacional de su partido se hunde, hizo ayer dos propuestas ante la «crisis Ayuso» o la «crisis Casado», depende de qué lado se mire. Una es la clásica de «hablando se entiende la gente»: que ambos protagonistas se sienten como compañeros que son, se digan lo que se tengan que decir y salven el partido. La otra es casi un SOS: por el amor de Dios, que no se llegue al congreso del partido con esa herida abierta.

Si el señor Feijoo me permite el comentario, es lo menos que se puede pedir desde dentro. Desde fuera habría que pedir que, además, se haga autocrítica del infantilismo que asoma en ciertos sectores del Partido Popular; que se haga una revisión objetiva de lo ocurrido, incluso con expertos o analistas neutrales para que no prevalezcan los odios creados, que son tan reales como escandalosos; que se depuren responsabilidades, porque si esto queda impune se volverá a repetir, y que se examine si entre esas responsabilidades habría que proceder a ceses de personas.

Lo que este cronista teme es que sea tarde para todo: tarde para hablar, tarde para conciliar y, en consecuencia, tarde para superar la crisis. Primero, porque, según se desprende de las declaraciones del propio Casado, no se parte de la verdad, porque la verdad es que el aparato de Génova no quiere a Díaz Ayuso en la presidencia del partido en Madrid, como se sabe desde hace meses. Desviar ese motivo a supuestas razones de corrupción forma parte de un juego sucio para ganar esa batalla.

Segundo, porque al desviar el conflicto hacia el tráfico de influencias se atribuye un delito con efectos incontrolables. El asunto del hermano de la presidenta Ayuso había desaparecido del escenario el pasado mes de noviembre. La izquierda lo llevó a la Asamblea, tuvo un mínimo eco en prensa y desapareció: a nadie pareció extraño que un profesional de la mediación comercial cobre por su trabajo. Pero ahora ha sido la dirección nacional del partido la que resucita el asunto como un escándalo y, encima, según los datos de la Comunidad de Madrid, miente sobre la cantidad cobrada (funcionó mal el espionaje) e intenta condenar a la señora Ayuso al deshonor.

Y tercero, porque el principal efecto incontrolable es que el supuesto escándalo ya no está en manos del PP, sino de la izquierda. Se regala al PSOE una joya que le permite matar dos pájaros de un tiro: le permite seguir falseando que PP es igual a corrupción y le facilita argumentos contra la principal adversaria de Sánchez que es, además, la más temible adversaria electoral. Cuando se regalan las armas al enemigo, se pierde la guerra. Pero si se demuestra que se ha perdido el talento, casi es peor. Cuando se pierde el talento, gana el que parece más débil. Por ahora va ganando Ayuso y pierde quien se ha manejado con suprema candidez.