Precio del dolor

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

M.MORALEJO

20 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El ser humano, ya se sabe, termina acostumbrándose a cualquier cosa, buena o mala: al máximo bienestar y a la mayor penuria, al dolor y al placer, a la belleza y al horror, a todo. Se tarda más cuando se empeora que cuando se mejora, pero el acostumbramiento llega. El dato, según ellos mismos quizá mayor, de las cien mil muertes por sobredosis en Estados Unidos durante el último año ha pasado casi inadvertido e incluso algunos medios de allí empezaron a hacerse eco apenas ayer y solo para subrayar que han crecido mucho las sobredosis de cocaína y estimulantes, aunque sin llegar a esconder el 74 por ciento de muertes producidas por opiáceos. Cien mil muertos.Uno a uno. De hecho, las sobredosis fueron muchísimas más, pero aquí se cuentan solo las que terminaron en muerte, no las que terminaron en daños cerebrales, en parálisis y en mil otros problemas de toda índole, también familiares o laborales.

Nos acostumbramos. Reducimos las muertes a una cifra, y la cifra a un récord renovado un año tras otro. Menos mal. Sería terrible que viéramos todas esas caras de hombres y mujeres, de chavales y chavalas. Aparecerían muchas caras negras y otras muchas latinas. Sigue creciendo su número en los recuentos de las muertes. Nunca habían fallecido tantos negros por esta causa, dicen. Y muchos nativos americanos, como llaman ahora a sus indios.

Sabemos que las causas de estas masacres no residen en remotas plantaciones de Bolivia o Colombia. Ni en ejércitos de sicarios comandados a menudo por paletos listos y crueles. Residen en despachos que comercian, en los mercados de dólares o de votos, con el dolor del mundo.