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La cuna de Colón

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado VUELTA DE HOJA

OPINIÓN

ED

03 oct 2021 . Actualizado a las 10:44 h.

En estos tiempos se da una curiosa paradoja con Cristóbal Colón. Por una parte, hay quien se dedica a derribar las estatuas que tiene dedicadas en algunos lugares; por otra, existe el afán de apropiárselo y decir que no era genovés sino de otro sitio, generalmente la patria chica del que elabora la teoría alternativa. De modo que se ha especulado con un Colón mallorquín, portugués, catalán, converso o incluso con un Colón mujer. Conviven así lo que podríamos llamar la colombofobia y la colombofilia (si no fuera que esta palabra ya está cogida por los aficionados a la cría de palomas).

También se ha dicho alguna vez que Colón podría ser gallego, y esa es la tesis que intenta demostrar un equipo de expertos que han estado trabajando estos días en la iglesia de San Domingos de Tui. Quieren conseguir ADN de la ilustre familia Álvarez de Sotomayor, porque, según su hipótesis, Cristóbal Colón no sería otro que el conde de Camiña, Pedro Álvarez de Sotomayor, al que entre nosotros se conoce más por su apodo de Pedro Madruga, un noble que, entre otras cosas, se enfrentó a los Reyes Católicos. Cierto que Pedro Madruga murió seis años antes del viaje de Colón a América, pero los proponentes de esta teoría creen que el conde fingió su muerte y adoptó una nueva personalidad para pasar desapercibido; más o menos como en La venganza de don Mendo, pero sin los ripios y la risas. De ser correcta esta teoría, y fue un señor de Pontevedra el que descubrió América, me pregunto si habría que seguir considerándolo un descubrimiento o más bien un ejemplo muy temprano de emigración.

Qué se yo. No soy un experto, pero, honradamente, no creo que Colón fuese gallego. Tampoco estoy totalmente seguro de que fuese genovés, y, desde luego, no creo que fuese catalán, entre otras cosas, porque entonces no habría elegido el Día de la Hispanidad para llegar a América. Yo me inclino más bien por la teoría que avanzó el gran Xosé Cermeño en un artículo hace años: que Cristóbal Colón podría ser sudamericano. Por afinar su tesis, yo me inclino por que fuese argentino. Y esto no solo porque existe en Buenos Aires el teatro Colón (no puede ser casualidad), sino también porque, salvo en que era de natural antipático, hay en la peripecia y la actitud de Colón rasgos inconfundiblemente porteños: su confianza en sí mismo, casi rayana en la inmodestia, su labia para convencer a la reina Isabel para que financiase una empresa tan cara y arriesgada… Hasta las peculiaridades lingüísticas que se detectan en sus cartas, y que tanto han dado que pensar a los filólogos, se explicarían fácilmente si considerásemos que están escritas por alguien que escribía en castellano, pero pensaba en lunfardo. Al menos, yo me lo imagino perfectamente en la proa de la Santa María, oteando el horizonte y tarareando el Volver que cantaba Gardel, buscando «el parpadeo de las luces a lo lejos». Me figuro su decepción inicial al ver que se había desviado y que en vez de a Buenos Aires había llegado a las Bahamas, y luego su satisfacción al enterarse de que se trataba de un paraíso fiscal.