Vacuna, vacunar, vacunando

Amos García Rojas PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE VACUNOLOGÍA

OPINIÓN

Ya vamos por la quinta ola, y evidentemente la tabla de surfear está cada vez más deteriorada. Pero afortunadamente disponemos de elementos que nos permiten restaurar esa tabla y seguir trabajando firmemente para disminuir el daño. Y esos elementos son fundamentalmente las medidas activas, es decir, la vacunación (ya vamos a por el virus); que debemos acompañar de las medidas pasivas que nos han permitido hasta ahora convivir con el microorganismo, es decir, la necesidad de que por parte de las administraciones sanitarias se tomen las medidas oportunas en función del peso de la pandemia, y reforzar en la ciudadanía la necesidad de seguir realizando ese ejercicio brillante de responsabilidad individual (mascarilla, lavado de manos, distancia física y ventilación), incluso si se está vacunado.

Afortunadamente, en estos momentos el escenario se viste de un moderado optimismo y marca diferencias con el pasado más reciente. Y son las vacunas las que determinan esas diferencias. Sobre todo el disponer de ellas. Uno de los elementos claves que nos permite sentirnos afortunados estriba en el hecho de formar parte de la Unión Europea, lo cual nos garantizó la disponibilidad de estos productos gracias a la compra centralizada que se llevó a cabo. Esta compra determinó que se asegurará la disponibilidad de estas vacunas, y su reparto de manera equitativa a los países miembros, siempre en función de sus poblaciones. Cierto es que hay aspectos cuestionables en ese proceso, como que desconozcamos el precio de compra y lo poco transparente que se ha sido en dar visibilidad a esos contratos. Pero parece evidente lo beneficioso que ha supuesto haber participado en esa compra centralizada.

Las vacunas, una vez llegadas a nuestro país, se distribuían homogéneamente y en razón a las estructuras de población a las diferentes comunidades autónomas, en un proceso que garantizaba la equidad. Al principio de la actividad, las vacunas no llegaban en las cantidades previstas, ya que los productores no se ajustaban a lo contratado. Pero posteriormente el flujo de llegadas se fue normalizando y eso permitió darle un acelerón importante a la vacunación. En estos momentos, el número de vacunas disponibles, salvo alguna semana en concreto, es el esperado por los distintos territorios, y eso nos permite decir que, más que esforzarnos en llegar a una determinada cifra de cobertura, lo que realmente nos interesa es no centrarnos en cifras, sino en un verbo poderoso: vacunar, vacunar y, además, seguir vacunando hasta el infinito y más allá.