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Muerte en el Camino de Santiago

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Eliseo trigo | Efe

09 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La muerte en el Camino de Santiago sigue teniendo un protagonismo singular que la convierte, a la vez, en una revelación y en una metáfora de la propia vida-y-muerte del ser humano. Una muerte que se hace presente a cualquier hora y en cualquier lugar. Así sucedió el pasado 22 de julio en un albergue de Arzúa, donde falleció el peregrino filipino Tomás Gómez, de 86 años de edad, según la información que me facilitó José Rodríguez, cónsul de Filipinas en Galicia.

Tomás Gómez había empezado su carrera en el mundo de la radio, para después convertirse en un cargo ejecutivo de la Corporación Ayala. Posteriormente, tras el derrocamiento del presidente Marcos, fue nombrado cónsul general de Filipinas en Hawai (1986). Más tarde, ya de vuelta en Filipinas, fue designado ministro-secretario de prensa (1990-1992) y después presidente del Canal 13 de televisión.

¿Qué buscaba ahora haciendo el Camino? Quizá satisfacía un viejo anhelo, a pesar de su avanzada edad. Porque él era un creyente cristiano -en unas Filipinas cristianas-, que satisfacía un sueño recurrente vinculado a una religión que ahora cumple allí 500 años, desde el descubrimiento por parte de Magallanes.