Golpes al prestigio democrático

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

CARLA CARNIEL

01 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

España puede terminar como Venezuela o Cuba, si se siguen degradando «todas las instituciones». Lo ha dicho Pablo Casado, que de esto sabe un montón. Como de casi todo. Y coincide con el demócrata líder nicaragüense, Daniel Ortegaque aconsejó al «augusto reino una pizca de esa democracia que a otros exige, liberando a sus presos políticos y abriendo cauces a las luchas y demandas de independencia».

Estamos recibiendo lecciones de libertad y buen comportamiento desde todas las esquinas y algo hacemos mal porque a raíz de las sentencias del procés y de que estos trasladen al mundo lo mal que los trata España, está cundiendo que las libertades y la democracia son aquí términos en desuso.

Situación que debería preocuparnos, si a ello añadimos que la principal institución en la defensa de los principios democráticos, el Consejo de Europa, tras criticar una resolución judicial del procés, nos ha comparado con Turquía. Y aunque no tenga consecuencias jurídicas, supone otro duro golpe al prestigio de nuestra democracia de cara al exterior, en un momento en el que tampoco se encuentra muy próspera.

España ocupa un lugar destacado en los índices de calidad democrática, situándose en la posición 22 entre 167 países, pese a retroceder algunos puestos y aunque estemos a la cola de las democracias plenas europeas. Claro que, según el Índice Democrático 2020, Francia, Portugal, Italia, Bélgica e incluso EE.UU. son democracias defectuosas. Además somos de los que contamos con menos condenas en el Tribunal de Estrasburgo.

Pero de nada sirve todo esto si se instala la idea de que retrocedemos en nuestras libertades, porque países, aunque sean los que son, instituciones europeas y políticos de casa, así lo jalean. Porque la imagen que dejamos, aunque no responda a la realidad, afecta a nuestro crédito democrático, esparciendo la idea de que estamos muy próximos a los modales turcos o húngaros.

La juerga independentista nos está costando sudor y lágrimas. Se nos atragantó desde el primer momento. Y eso nos llevó a cometer errores imperdonables, como las cargas policiales o los desatinos judiciales sobre el papel de los huidos. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.