Nostalgia del videoclub

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

23 jun 2021 . Actualizado a las 08:44 h.

Aquienes vivieron la llegada a casa del primer vídeo VHS como la cumbre de la revolución tecnológica, el carrusel sin fin de las plataformas de streaming les sigue pareciendo cosa de magia. De la nostalgia de aquellos estantes llenos de carátulas, con cintas primero, con deuvedés después; de los recuerdos del carné de socio y las cintas sin rebobinar, nace el documental El último Blockbuster, que ha estrenado el canal TCM. Evoca el auge y caída de la mítica cadena norteamericana de videoclubes, que llegó a tener 9.000 locales en todo el mundo y hoy cuenta con tan solo uno en Bend, una pequeña ciudad de Oregón.

El documental recuerda que, a principios de los ochenta, los grandes estudios vendían cada película a cien euros la copia. De ahí el acierto de unos avezados empresarios que decidieron comprarlas para después alquilarlas. Los magnates del cine los demandaron, pero perdieron. Y el negocio se disparó. Tras varias décadas boyantes, llegó la crisis financiera seguida de malas decisiones empresariales a las que Netflix acabó de poner la puntilla. El fundador y primer presidente de esta plataforma, Marc Randolph, recuerda en su libro Eso nunca funcionará que en los primeros años de su aventura, sin ahorros y al borde de la quiebra, ofrecieron a Blockbuster comprar la compañía por 50 millones de dólares y su oferta fue rechazada. Hoy Netflix vale 150.000 millones y a Blockbuster le queda una tienda en Oregón.