El papa Francisco ha salvado al presidente Núñez Feijoo. La disculpa de viajar al Vaticano le exime de tener que acudir a la plaza de Colón a manifestarse contra los indultos, en compañía del facherío. Lo de los asuntos personales y las fiestas del pueblo de los barones de Andalucía y Castilla y León resulta tan convincente como lo del presidente gallego. Y es que tras los perjuicios que acarreó la anterior foto de Colón, sectores de los populares no comparten esta nueva decisión y se atan a peregrinas excusas.
Porque, ¿necesitan Pablo Casado y el PP ir de la mano del facherío, ultracatólicos, homófobos y franquistas para rechazar los indultos? ¿No dispone el primer partido de la oposición, que volverá a ser en algún momento de Gobierno, de fuerza suficiente para manifestarse en solitario y sin compañías tóxicas? Cuando un 75 % de los españoles de toda condición política, y el 60 % de los que votaron al PSOE, dice ser contrario a la concesión a los líderes del procés, no parece muy difícil llenar a rebosar la plaza de Colón. De no ir en compañía de la extrema derecha, ciudadanos de todos los espectros políticos se habrían sumado a la iniciativa por el rechazo.
Tiene grandes dificultades Pablo Casado para saber qué es lo que quiere ser y cómo llegar a alcanzarlo. Y por ello comete errores garrafales. Llevado por la presión de Díaz Ayuso, que ya nos descubrió su objetivo, lo de Colón se antoja un nuevo desacierto, porque a nada que moviese a sus simpatizantes, votantes y amigos y a los descontentos en general superaría el millón de manifestantes que con tanta facilidad congregaba aquel general bajito. Que sus barones lo abandonen no quiere decir que no rechacen los indultos tanto como él. Como cientos de miles de españoles que tampoco compartirán espacio con los que buscan dinamitar la convivencia.
El problema de Cataluña no se resuelve recogiendo firmas, otro clamoroso error, o manifestándose en Colón con los ultras. Eso sirve para lograr visibilidad mediática, pero una visibilidad que puede pasar factura porque, al margen del síndrome de dependencia de los populares del facherío, todos seguimos un máster sobre cómo huir de las malas compañías. Claro que Casado, los másters ni verlos.