Algunos bancos españoles han anunciado expedientes de regulación de empleo (ERE) con miles de trabajadores afectados. ¿Nos deben sorprender estos anuncios? Si hablamos de entidades que se han fusionado, es lógico que haya ajustes de personal. ¿Qué objetivos tiene una fusión en estos momentos? Un objetivo básico es el incremento de la rentabilidad de la nueva entidad por la vía de la reducción de costes y aumento de sinergias que siempre generan estas operaciones. Ya lo ha repetido varias veces el BCE: las integraciones permiten combatir uno de los males de la banca europea, su baja rentabilidad. El 2020 fue un año de pérdidas para la banca española. Si eliminamos el efecto de la pandemia y algunos ajustes extraordinarios, según el Banco de España, la rentabilidad del sector en el 2020 habría sido positiva, situándose la rentabilidad sobre los activos en el 0,3 % y la rentabilidad sobre el capital en el 4,3 %.
Por tanto, una fusión puede ser un alivio reseñable a corto y medio plazo. Dentro de la reducción de costes destacan el cierre de oficinas y el redimensionamiento de los servicios centrales. Esto conlleva una reducción significativa de la plantilla. Incluso entidades bancarias que no se han fusionado han planteado un ERE. ¿Por qué? Primero, por el problema de la escasa rentabilidad de la banca en general; segundo, muchos bancos son conscientes de que tienen que adaptar su modelo de negocio a la realidad económica actual y, especialmente, a los desafíos que plantea la digitalización: clientes demandando cada vez más servicios bancarios digitales, nuevas oportunidades de negocio derivadas de potentes innovaciones tecnológicas, especialmente en el ámbito de la gestión de datos, nuevos operadores no bancarios con una cada vez más amplia oferta de servicios financieros (pagos y financiación), etcétera. Este cambio de modelo de negocio es necesario y es muy positivo que los bancos sean conscientes de los retos que sufren y que sean proactivos. Es claro que estos cambios irán configurando unos bancos más intensivos en tecnología y menos intensivos en trabajo (especialmente, de perfiles menos digitales). Dicho esto, ¿no puede hacerse nada ante la pérdida de empleo que se avecina? Algo puede hacerse. Primero, deben evitarse anuncios de ERE dentro de una estrategia negociadora con los sindicatos, para luego ir reduciendo el número de trabajadores afectados. El propio anuncio del ERE supone un alto coste reputacional para el banco, por lo que los anuncios deben reflejar las necesidades reales de las entidades (teniendo en cuenta posibles reubicaciones). Segundo, hay que intentar minimizar el impacto económico sobre los trabajadores afectados por el ERE, negociando unas condiciones económicas favorables para incentivar la acogida voluntaria al ERE: indemnizaciones, prejubilaciones, convenios especiales con la Seguridad Social, cierta flexibilización de los requisitos de antigüedad para entrar en el expediente, etcétera. Lo que no hay que olvidar es que a mejores ventajas económicas, menores incentivos para la búsqueda de alternativas de empleo fuera del sector bancario.