Cospedal, la última gran imputada

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Juan Carlos Hidalgo | Efe

03 jun 2021 . Actualizado a las 08:54 h.

Frente a Ayuso, Cospedal. Perdón por la simplificación, pero me parece que ese es el resumen de la situación del Partido Popular en su ámbito estatal. Díaz Ayuso representó el éxito, la recuperación del voto después de la postración y la vuelta de la esperanza a la derecha. Ayuso puede gustar o no, pero desde su victoria en Madrid las encuestas no hacen más que sonreír al PP. Cospedal es una mujer de gran talla. Tiene gran experiencia política. Fue una de las damas que acompañaron a Rajoy y, en parte, artífice de la gran mayoría absoluta de su primera legislatura. Fue una figura clave en la reciente historia del PP. Tanto, que aspiró a su presidencia. Pero hoy, por su presunta implicación en el espionaje a Bárcenas, trae a la memoria de los votantes el recuerdo de todas las irregularidades (en este caso no quiero hablar todavía de corrupciones) que tantos votos le costaron al PP en las últimas elecciones.

Es que las actuaciones judiciales nunca habían llegado tan alto como en el caso que ahora se está instruyendo, el llamado caso Kitchen. Ahora acaban de llegar a quien fue secretaria general de la organización y, además, ministra de Defensa. La imputación del juez, aunque no signifique ni mucho menos una condena, más la imputación de su marido en un asunto que significa el uso de la Policía del Estado para beneficio privado de una fuerza política, justifica que algunos analistas consideren el espionaje de Bárcenas como el mayor escándalo de la democracia.

No es que el matrimonio López del Hierro-Cospedal haya obtenido beneficios económicos oscuros de su paso por la política, no es esa la acusación. Es que es la actuación judicial que faltaba en una tormentosa historia de la relación con Bárcenas. La señora Cospedal fue su enemiga declarada. Merece reconocimiento por haberlo apartado de su función de tesorero cuando se conocieron sus irregularidades. Pero, ay, era la secretaria general y algo debería saber de lo que pasaba en su despacho y en su caja fuerte. Algo le debía afectar cuando asumió con tanto nerviosismo la teoría de la «indemnización en diferido». Hay que recordar el poderío que tenía cuando se produjo la destrucción de los ordenadores que Bárcenas había utilizado. Y hay que tener presentes las grabaciones de las conversaciones del matrimonio con el comisario Villarejo, que no demuestran nada, pero confirman una relación.