Cuando hace poco más de un año comenzamos a ver el horror que es capaz de generar esta maldita pandemia, tuve una horrible sensación: las residencias de ancianos se habían convertido en cámaras de gas. Muerte, muerte, muerte. Triaje. Indefensión.
Con la vacuna cambió el panorama en estos centros, cuya situación sigue sin ser la ideal. Desde que los residentes están inmunizados, la incidencia del covid es nula o prácticamente nula (los contagiados suelen ser asintomáticos). Leer el texto de esta noticia firmada por María Hermida en La Voz hizo que me sintiera bien conmigo misma. Cuando esta locura termine reflexionaremos sobre las imágenes vividas (cadáveres amontonados en morgues) y los momentos de desesperación (ancianos muriendo en soledad por asfixia). Quizá a alguien se le caiga la cara de vergüenza. Quizá alguien tome decisiones.