Las residencias en Galicia: de los brotes dramáticos a que el covid apenas duela

El coronavirus cruzaba la puerta y el 20 % de los residentes morían. Ya inmunizados, solo se contagiaron 58 en toda la comunidad y casi todos son asintomáticos. Lo cuenta Santiago, que acabar de pasar el virus

Las residencias de mayores o de personas con discapacidad, sin duda alguna, fueron los lugares donde la tragedia del covid alcanzó su máxima expresión. Los contagios fueron masivos y los fallecimientos también, en España y en Galicia. Basta un ejemplo como muestra: el 18 de abril, cuando Galicia estaba en pleno pico de la primera ola, en la comunidad había 4.144 casos activos de coronavirus. Casi el 25 % de ellos (un total de 1.012) eran en residencias. Conscientes de la vulnerabilidad de estos centros, fue en ellos donde se comenzó, a finales de diciembre, la vacunación. ¿Han cambiado las cosas? Totalmente. En Galicia, hay algo más de 24.000 usuarios de residencias públicas y privadas. En su gran mayoría, están todos vacunados. Según los datos de la Consellería de Política Social, desde que están inmunizados -se calcula que deben pasar como mínimo diez días desde la segunda dosis- se contagiaron de covid-19 un total de 58 personas. Es una cifra mínima si se compara con lo anterior. Además, lo realmente positivo es que la gran mayoría fueron asintomáticos.

Es lógico que asuste que haya brotes en las residencias, dado que el personal y los usuarios están vacunados. Aunque cabe recordar que el objetivo principal de la inmunización es que el covid no curse de forma grave. Si a mayores sirve para reducir los contagios es un beneficio añadido, pero no es la meta primordial. En todo caso, en Galicia, el covid sí embistió en residencias donde los mayores o personas dependientes solamente habían recibido la primera dosis -la mayoría, además, acababan de ponerla-.

Tres casos dramáticos

Dos de los ejemplos más llamativos son los de las residencias de DomusVi de Ribeira y Carballo. En Ribeira, tras resistir sin casos de coronavirus en la primera y la segunda ola, se detectó un brote en enero, justo después de la inoculación de la primera dosis al personal y a los residentes. Y llegó a haber cien contagios -79 de usuarios y 21 de trabajadores-. Fallecieron 15 personas. En Carballo, también con la primera dosis ya puesta, se infectaron 130 personas y murieron 29, en un brote asociado además a la cepa británica. 

Otro ejemplo es el de la residencia Mi Casa, en Ferrol, donde viven 125 personas y donde se detectó un brote el día 22 de enero. «Fue triste porque los residentes estaban ilusionadísimos con la vacuna, y se la pusieron y justo tuvimos el brote. Hubo 34 contagios, de los cuales llegaron a ir al hospital unas seis personas y hubo nueve fallecimientos. Bien es cierto que las personas mayores, que tanto nos enseñan, tienen capacidad de olvidar las cosas negativas y ahora están de nuevo animados. Pero fue muy duro», explica la directora.

Más allá de estos casos, un buen reflejo de que la vacuna por sí sola no frena los contagios -y menos con solo una dosis- es que en el pico de la tercera ola, el día 29 de febrero, ya en plena campaña de vacunación, había 560 casos activos de covid en las residencias. Pasaron las jornadas y todo se empezó a poner a favor. Comenzó a bajar la incidencia en la calle y se completó la inmunización en los centros residenciales -se sigue vacunando a algunos residentes que quedaron sin dosis porque eran positivos o a los que ingresan de nuevo-. Ahora, un mes después, el panorama ha dado un vuelco.

 «Es una maravilla»

La incidencia es bajísima en las residencias; no hubo ni un solo positivo en centros públicos con los usuarios ya inmunizados y solo se registraron 58 casos en los privados. Y, si bien es cierto que eso podría achacarse simplemente a que las cifras de la pandemia en general bajaron sustancialmente y, por tanto, las residencias solo son un espejo de lo que pasa en la calle, lo que marca la diferencia y evidencia la efectividad de la vacuna es que de esos 58 casos la gran mayoría fueron asintomáticos. «Esto es una maravilla con respecto a antes. Estábamos en una situación tremenda, horrible, y ahora, por lo que vamos viendo, quienes sufren la patología la tienen mucho menos agresiva, son asintomáticos. No podemos bajar la guardia, sabemos que hay un porcentaje en el que no es efectiva, sabemos que hay que protegerse, pero parece que al menos hay solución», verbaliza José Manuel Pazos, portavoz de la patronal de residencias privadas de Galicia. «La vacuna en los centros residenciales ha supuesto una luz de esperanza de cara al futuro», añade Fini Pérez, directora técnica asistencial de DomusVi.

Los casos de Xinzo y Silleda

Esos 58 positivos que hubo en residentes inmunizados -los datos son del viernes- se agrupan, principalmente, en dos centros: el de Santa María de Xinzo y la residencia de mayores de Silleda. En Xinzo, se contagiaron 12 de los 48 usuarios (no dio positivo ningún trabajador). Y solo en un caso fue necesaria la hospitalización. En Silleda, también con la segunda dosis ya puesta, se contagiaron 44 residentes y cinco trabajadores. La gran mayoría fueron asintomáticos. Pero fallecieron dos personas. En uno de los casos su situación previa era ya comprometida por las patologías de base. En alguna otra residencia de Galicia se registró algún contagio puntual. La pesadilla, si bien sería atrevido decir que se aleja de las residencias, que siguen con grandes protocolos anticovid, al menos ha comenzado a difuminarse.

«Antes, en un brote se moría el 20 % de los residentes, ya no» 

Raquel Casal es una de las médicas de Política Social que acude a las residencias de mayores de Galicia cuando se detecta un brote de coronavirus. Así que vivió en primera línea todo el daño que hizo el covid en estos centros. Tiene claro cuál fue el peor momento: «Lo más duro son los fallecimientos y el momento de comunicarlo a las familias. Luego hay días también muy intensos, como son las primeras jornadas cuando se detecta un brote, porque hay que explicarle a todo el mundo cómo actuar», explica. Casal tiene claro que las cosas han cambiado totalmente en cuanto al covid y las residencias. Y que la diferencia la marca la vacuna. Así, indica: «Antes, el 50 % de los residentes hacía clínica, muchas veces de forma grave. Ahora eso no sucede. Entre el 90 y el 95 % son asintomáticos y, los que tienen algún síntoma, suele ser dolor de cabeza leve o congestión nasal. Igualmente, antes lo esperable cuando había un brote es que falleciesen el 20 % de los contagiados. Y eso, afortunadamente, ahora tampoco sucede ya». 

Nuevos brotes

Casal indica que, de todas formas, no se puede bajar la guardia porque van a seguir produciéndose contagios. Es más, cree factible que se puedan volver a detectar brotes, como los que acaban de registrarse en Silleda y Xinzo, con usuarios ya inmunizados, pero si los hay no considera que vayan a derivar en las nefastas consecuencias que implicaban cuando no había vacunación. «Hay residentes frágiles, pero ahora el virus casi no les da síntomas. Aún así, aunque no sea como antes, puede que se produzcan fallecimientos, porque hay que recordar que muchas de las personas que viven en residencias tienen de por sí una situación complicada, están delicadas de salud y cualquier complicación, sea el covid sea de otro tipo, es importante». Señala también que, de momento, en Galicia no hay demasiada experiencia sobre el covid en mayores vacunados porque el porque el número de residentes inmunizados que se contagió es mínimo.

Santiago Riveiro, de 82 años, uno de los residentes vacunados que se infectó de covid en Silleda y pasó la enfermedad asintomático
Santiago Riveiro, de 82 años, uno de los residentes vacunados que se infectó de covid en Silleda y pasó la enfermedad asintomático

«¿O coronavirus? A min non che me doeu nada» 

Santiago Riveiro, que posa para la foto con una chándal Adidas y porte atlético, no se anda con rodeos. Se le pregunta la edad y, por lo que pueda pasar, tira de retranca: «¿Cantos anos teño? Igual xa teño dabondo para ir marchando para o outro lado... Teño 82», dice y termina la frase con una sonrisa que hasta se intuye al otro lado del teléfono. Luego, se pone serio y cuenta que, en realidad, se encuentra bien de salud. Y eso que acaba de pasar el coronavirus. Él, que vive en la residencia de mayores de Silleda, es uno de los 58 usuarios de estos centros en Galicia que se contagiaron de covid-19 pese a estar ya inmunizados. Podría contar que fue asintomático. Porque es la realidad. Pero él lo explica con mucha más gracia: «¿O coronavirus? Non che me doeu nada. Estiven moi ben», espeta.

Santiago, natural de Santa Cruz de Ribadulla -en el municipio de Vedra- es buen hijo de su generación, así que trabajó «desde que teño memoria». Dio el callo colocando vías del tren, como trabajador de Renfe, o sobre el andamio, en sus años de albañil. «Traballei en tantas cousas... antes érache así», cuenta. Es un veterano de la residencia: «Cheguei cando abriron e aquí sigo, moi contento». Y no duda un segundo al preguntarle qué es lo que más le gusta del centro: «Iso téñoo claro, o mellor son as boas mozas que temos aquí», enfatiza.

Del covid no recuerda malestar alguno. «Nin febre nin nada», indica. Y señala que tampoco vio mal a la mayoría de sus compañeros, que como él tenían las dos dosis de la vacuna cuando se contagiaron. Eso sí, la obligatoria cuarentena no le gustó lo más mínimo: «Botei de menos pasear, estar encerrados non me gusta. Pero é o que hai», remacha.

Información elaborada con las aportaciones de Rocío Ramos, Carmela López, Ana Lorenzo, María Cobas y Caterina Devesa.

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