Furia de Titanes era un peliculón de cartón piedra que debí ver varias veces en mi infancia cuando existían los cines de sesión continua, cuando había uno en cada barrio y cada pueblo, estaban a pie de calle, y no había que sufrir el bullicio de hamburgueserías en una superficie comercial de las afueras, que es dónde últimamente ubican la mayoría de los cines. Lo peor de los cines de hoy no es entrar, lo peor es salir; salir en silencio rumiando la película y chocarte con una algarada delante del escaparate de Women' secret.

Los titanes y las titánides son dioses más antiguos que los del Olimpo, eran enormes y de ellos descienden casi todos los demás.

Contaba Julio Camba su experiencia cuando estando en Londres le preguntó a un bobbie una dirección: «Me contestó inmóvil e impasible sin mirarme ni mover la cabeza... cuando uno le pregunta a un guardia inglés, no le contesta a uno, es Inglaterra contestando a la sociedad».

Me acordé de la anécdota cuando vi despedirse a Pablo Iglesias desde su despacho ministerial. Pablo no se despedía frente a las cámaras, Pablo se dirigía a una muchedumbre mitinera abarrotando el Vaticano, la Plaza Roja, la Lustgartenstrasse de Berlín, la Plaza Venecia de Roma o la Plaza de Oriente caudillera. No hablaba el hombre, hablaba la ideología, hablaba la esencia de la izquierda titánica -no la del Antiguo Testamento-. Con el tono heroico de un Cid dispuesto a ganar la batalla aún después de muerto o de un Maquiavelo que, viendo fallida la estrategia de asaltar los cielos desde la vicepresidencia del Gobierno nacional, vuelve a la calle a intentar otra nueva que procure la victoria definitiva. Se quitó el armiño, calzó armadura, espada ropera y aireó al aire la daga toledana como Braveheart alentando a sus pitios. Me acordé de Camba cuando vi a Isabel Díaz Ayuso dirigirse a su ejército cheli con un aroma entre mujer de cartel de Penagos y Evita Perón, maliciando la mirada con ojos hechiceros de victoria segura en el próximo duelo al amanecer con Pablo.

«Comunismo o libertad», no lo dijo Ayuso, lo dijo la estatua de la Libertad con antorcha y todo. Habló otra ideología, habló la derecha de pedigrí y escudo de armas -no se ganan, se heredan elegancia y blasón-.

Concluyendo, que este «duelo en sol» va a ser un remake de mi admirada Furia de Titanes (esperemos que no sea de sesión continua).

Solos los dos, el Titán y la Titánide, sosteniéndose la mirada y disparando balas y flechas de lengua y acero. Dos caudillos ideológicos a los que el destino y el desatino ha llevado a la lucha final.

Promete.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Comentarios

«Furia de titanes»