¿Por qué se presenta Pablo Iglesias a competir con Ayuso? Muy fácil: porque quiere y porque puede

OPINIÓN

Pablo Iglesias e Isabel Díaz Ayuso durante unas jornadas sobre el tratamiento informativo de la discapacidad en octubre del 2020
Pablo Iglesias e Isabel Díaz Ayuso durante unas jornadas sobre el tratamiento informativo de la discapacidad en octubre del 2020

Todo se debe a la falta de contención. El ya exvicepresidente no ha podido resistirse a ser el protagonista de la serie sobre conspiración política que él mismo guioniza. Y ahora Ayuso va a conseguir que la vote hasta Franco en Mingorrubio.

15 mar 2021 . Actualizado a las 16:08 h.

Todo se debe a la falta de contención. Igual que se subieron Camps y Rita en el Ferrari de Alonso. O que los oligarcas rusos compran equipos de fútbol. ¿Por qué? Porque pueden. Pablo Iglesias no ha podido resistirse a dar el salto a la producción de series. Ha visto que su irrupción en la batalla del goyesco 2 de mayo era un quiebro a la altura del mejor Juego de Tronos. Y no lo ha podido evitar. Tanto teorizar sobre cómo la ficción sirve para interpretar la política, ahora ha puesto su carrera a disposición de su propio biopic. Es difícil saber con qué personajes se estará proyectando. ¿Robespierre ante María Antonieta? ¿Meñique frente a Cersei Lannister? ¿Juana de Trastámara contra Isabel la Católica?

Elementos para episodios con mejores audiencias que El Hormiguero no le van a faltar: un diálogo con Errejón pidiéndole perdón por haberlo pasado por la guillotina de Vista Alegre, una sesión de terapia a Gabilondo para explicarle que el PSOE no es casta y un debate con Isabel Díaz Ayuso para dejar en evidencia el trumpismo como no supo hacer Biden. El debate que quizás llevaba años ansiando. Habrá tiros para transmitirlo. Va dejar en un juego de niños los grandes Barça-Madrid de Guardiola y Mourinho.

Pero el duelo al sol a la orilla del Manzanares es entre Isabel y Pablo. Pablo e Isabel. Tanto monta, monta tanto. Almas gemelas. Separados al nacer. Ambos lo hicieron un otoñal 17 de octubre de 1978. Cuando en España caían chuzos de punta y los hombres y mujeres que hoy están siendo vacunados contra el covid cavilaban en la intimidad familiar cómo harían pocas semanas después para ir a votar la Constitución. Mis padres en Llodio, Álava. Con ETA matando a diario y Herri Batasuna en contra. Pablo e Isabel, rebeldes con causa. La causa propia. «Lo importante es llegar al poder. Y yo ya lo tengo». Yo, yo, yo. Yo, mi, me, conmigo. Duelo al sol y juego al yoyó. Un artefacto ingeniado por los griegos poco después de inventar la democracia.

De momento Isabel, hábil con el florete, ya ha cambiado el eslogan de campaña: «Comunismo o libertad». Habría sido un detalle con el hermano de Iñaki y con Errejón que el lema fuera «O los rojos o yo». Pero Isabel ya ha dicho que España le debe una por haber sacado a Iglesias de La Moncloa. Por si había alguna duda sobre si iba a lograr mayoría absoluta o tendría que apoyarse en Ortega Smith Monasterio y Espinosa de los Monteros, nos tememos que el jaque de Pablo va a clarificar las cosas: va a salir a votar hasta Franco en el colegio electoral de Mingorrubio.

¿Por qué lo hace? Porque sabe desde mucho antes que hipotecarse que puede vivir de la marca Pablo Iglesias el resto de su vida. En España, en Sudamérica o en el Irán de los ayatolás. Como tertuliano, consultor político o líder feminista. La pregunta buena es: ¿De verdad quiere? ¿De verdad está convencido de que puede ganar a Ayuso? Sí, claro que lo está. Está endiosado porque ha cometido pecado habitual. Le llaman el síndrome de La Moncloa. Pero sirve también para la Casa Blanca o el casoplón de la Sierra. Ha perdido contacto con la realidad, caso de que alguna vez lo haya tenido. Y en el laboratorio de la Complutense se saltó la lección en la que explicaban la fábula del rey desnudo. Un garrafal error de soberbia que lleva a los madrileños a tener que elegir entre una joven de 42 años que quiere independizar Madrid del resto de España o un joven de 42 que apoya a los independentistas catalanes.No estaría mal que ambos egos ardieran en la misma pira.