Respeten la democracia


El drástico giro de guion que se acaba de imprimir inesperadamente en la política española presenta un escenario preocupante. No debería serlo en una democracia plena y madura como la nuestra, pero la deriva que están siguiendo algunos de los actores principales lo revela. Porque muestran un gran desprecio a la pluralidad de la sociedad y a las normas elementales de la convivencia pacífica. Frases como «no pasarán» o «comunismo o libertad» no hablan de respetuosa confrontación democrática, sino de los odios irracionales que fueron la tinta ensangrentada con que se escribieron las peores tragedias de nuestra historia.

Conviene recordarlo ahora, cuando una parte de los actores políticos caen en la amnesia y vuelven a propugnar una España visceralmente enfrentada, como si no supieran el sufrimiento que causó la guerra a generaciones enteras y el tiempo que le llevó al país volver a la senda de la modernidad y la civilización.

El mismo día en que Pablo Iglesias Turrión e Isabel Díaz Ayuso nacieron -ambos el 17 de octubre de 1978-, España estaba dando los últimos retoques a su reconciliación. Quedó lista el 31 de ese mes, y fue confirmada treinta y seis días después por la mayoría abrumadora de los electores. Entonces sí que acababa un régimen. Y, aun con todas sus imperfecciones, comenzaba la etapa de mayor esplendor que ha vivido la sociedad española. Se basó, fundamentalmente, en el respeto al otro, el reconocimiento del adversario en pie de igualdad, el derecho a defender intereses e ideales legítimos y la voluntad de resolver los conflictos dentro del juego democrático.

Esas son las claves de la convivencia. Solo cuarenta y tres años después, algunos jóvenes políticos que no llegaron a padecer la falta de democracia se creen con derecho a pisotearla. Y aprovechan el momento en que más angustiada está la sociedad española, en medio de la pandemia, para intentar enardecerla o someterla. Dos errores de los que ya estamos escarmentados, y que vemos perfectamente repetidos en la destrucción de Venezuela o en el afortunadamente fallido autoritarismo mostrado por el anterior presidente de los Estados Unidos.

Quienes van a lanzarse dentro de unos días a la campaña electoral; quienes confunden Madrid con toda España; e incluso quienes creen que en política están permitidos el odio y la destrucción, tienen el deber de parecerse a su país, que es pacífico y respetuoso. Han de apagar la yesca que tienen en sus manos y deshacerse del bidón de gasolina. Ellos podrán añorar la guerra; podrán despreciar la paz. Pero España no puede.

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