No era fácil sustituir a Mónica Naranjo en el éxito bestial del inicio de La isla de las tentaciones, pero Sandra Barneda se ha hecho con el puesto gracias al buen pulso de esta edición. De ella destacaba un perfil duro, demasiado agresivo por otros realities, y una imagen muchas veces alejada del tono cordial que mantienen otros comunicadores, pero Sandra ha ido girando hasta dar ahora con el punto que ahora aplauden los espectadores. Lo demostró en esta última gala, dando rienda suelta a la emoción que le produce el gallego, el enamorado Hugo, pero también frenando la doblez machista de Diego en determinados momentos, y poniéndole toda la gracia al gaditano Manué, el Maluma de Cai, que se desboca en cualquier minuto de cámara. «¿Qué pensará su madre?», se refirió el gaditano en voz alta cuando vio las imágenes casi mojigatas de su novia. «¿Y qué pensará la tuya?», le respondió entre risas Sandra, dándole cuerda a un personaje que ha dado evidencias de que el edredoning forma parte de su ADN porque «nada lo puede frenar». Sandra entra con su iPad en la cabaña de las chicas y los chicos y arma un revuelo que dispara las audiencias en unos segundos, con su tranquilidad y esa distancia cómica de «pasaba por aquí como si nada». Con ese punto de equilibrio, de «me tomo en serio esto que me la trae floja», Barneda se ha convertido en pieza fundamental de esta desmelenada tentación.

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El buen pulso de Sandra