Adiós a Quique San Francisco, el Quijote rubio


Tenía unos ojos que se salían de la cara. Dos platillos volantes azules. Tenía una nariz que era otro personaje. A veces su cara desencajada se convertía un poco en un Francis Bacon. Por la voz sabías que estaba ahí. No era una voz rota, cascada. Era una voz pisoteada. La voz era la forma de que no lo confundieran con Gabino Diego o con el Dioni. Era Quique San Francisco. Casi su mejor chiste era que su apellido fuese San Francisco, como el fundador de la orden mendicante.

Todo en él era una juerga, pero no por bandarra. Era por su actitud ante la vida. Hijo de la actriz Queta Ariel, conoció a su padre, el actor Vicente Haro, con 17 años. Y lo resumía así: «Conocí a mi padre con 17 años y me cayó muy bien». ¿Entienden lo que les decía de la actitud ante la vida?

Si alguien te ha hecho reír mucho, respeto. Es lo mínimo, ahora que está de moda el odio (el odio es trending trópico o como se diga). Quique San Francisco probó de todo. Este Quijote rubio se nos ha ido con 65 años, a nueve días de cumplir los 66, por una neumonía necrotizante. Pero que su retrato sea el de un hombre que fue politoxicómano es una puñalada trapera.

Curró y mucho. Hizo más de setenta películas. La primera con seis añitos. Se subió a las tablas en más de cuarenta obras. Tenía más madera que Pinocho encima. No estamos ante un fiestas, un vago y maleante que pasaba por ahí. Lo nominaron a dos Goyas y los perdió los dos. Dolió el de la película Orquesta Club Virginia. Pero tiene una hoja de servicios mucho más llena que la de vicios, aunque a los que les encanta señalar no se lo crean.

Fue pionero en el programa piloto de El club de la comedia, donde luego se convirtió en un monologuista cómico de leyenda, algo nada fácil. Tú solo frente a un patio de butacas lleno que tienes que convertir en un patio de carcajadas.

Le gustaba la cerveza, «en vaso; en botella, engorda». El tabaco. Y las mujeres. Tuvo varias relaciones largas, aunque nunca se casó. Rosario Flores fue uno de sus grandes amores. Quique San Francisco decía que Antonio Flores había sido como su hermano. Él se alejó del caballo cuando su madre le dijo que «para estar así es mejor que te mates de una vez». Explicaba que le costó mucho dejarlo, pero se lo aconsejaba a todo el mundo.

Fue Tinín, personaje de Cuéntame. Es que en el cine, en el teatro, en el monólogo, en la vida, lo fue todo menos padre. No deja hijos. Pero nos deja a nosotros huérfanos. Lou Reed dijo aquello de que una semana mía es más intensa que una vida entera de otros muchos. Lo escribió cuando se metía speed y ni dormía. No lo creo. Y Quique San Francisco, tampoco. Nadie puede medir el tiempo de los demás. Y por estar colocado no se te pasan mejor los días. Quique San Francisco estaba enganchado a la risa. Y el destino quiso que su último papel fuese el de la muerte en un anuncio de una campaña navideña.

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