Entre el amor y el voto


Votar es un derecho fundamental, que el tribunal de turno ha decidido preservar manteniendo el 14-F para las elecciones catalanas. Amarse es un derecho natural, que los enamorados celebran ese día. Los catalanes son más de San Jordi que de San Valentín, santo de segunda rescatado a mediados del siglo XX por Pepín Fernández, visionario de la mercadotecnia que pergeñó una estrategia para incentivar las compras no entre novios sino entre enamorados, concepto que ampliaba la clientela potencial de sus grandes almacenes. En aquellos años en los que el desarrollismo comenzaba a lavar la cara al régimen, bastaron un par de películas de Concha Velasco, Tony Leblanc, Amparo Soler, López Vázquez y Gracita Morales, para impulsar la causa. Cataluña aceptó mejor la idea de la inmigración masiva que la de San Valentín, tal vez porque se trataba de un invento madrileño.

Transcurridas siete décadas, en año de pandemia descontrolada, los catalanes más escépticos piensan que ninguna de las dos celebraciones habría sido imprescindible. Si Galerías Preciados no hubiese vinculado a San Valentín con Cupido, ahora no tendría por qué haber un día más de arriesgadas compras compulsivas; si en Cataluña hubiese prevalecido el sentido de Estado, o sea, el sentido común, ahora no tendría por qué haber elecciones autonómicas. Por San Valentín ellos son más de regalar bombones o compartir menú romántico en restaurantes del Barrio Gótico o del Ensanche. Desconfían del Gobierno, de la Generalitat, del Ministerio de Sanidad, del CIS... Si acaso, de la encuesta del CIS solo se creen lo de que 7 de cada 10 catalanes considera que la situación en Cataluña está hoy peor o mucho peor que hace tres años. No obstante, hasta el 14F, independentistas de derechas y de izquierdas, socialistas y comunes, republicanos y monárquicos, derechistas y ultraderechistas, mostraron sus desavenencias; después del día de los enamorados, veremos amores imposibles, amores de película, fruto de la atracción fatal o del instinto básico. El 14F lo importante no es quién gana, sino de quién se enamora.

Por Pedro Armas Profesor de la USC

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