Lo que esconden las cifras

Salvador Calvo FIRMA INVITADA

OPINIÓN

María Pedreda

29 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Existen 280 millones de migrantes en el mundo. De los cuales 79,5 millones son personas forzadas a desplazarse. La mitad de ellos son niños. Más de 3.500 mueren en el intento. Cifras que se agolpan en nuestras cabezas, que se pierden en las cabeceras de los periódicos, que son escupidas abruptamente en los sumarios de los telediarios. Cifras escalofriantes que esconden millones de historias de seres humanos que han tenido la «mala suerte» de nacer en la zona más desfavorecida del planeta.

Cifras que anestesian. Que como un sedante esconden el dolor, el sufrimiento de aquellos que solo aspiran a alcanzar una vida mejor, o en la mayoría de los casos simplemente vivir, sin el adjetivo mejor.

Cuando el ser humano es capaz de aislar a uno de esos números, como ocurrió con Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años que flotaba en la orilla de la isla de Kos, o con Óscar y su hija Valeria, salvadoreños ahogados a orillas del río Bravo -es imposible olvidar cómo esa pequeña de dieciséis meses aún muerta abrazaba el cuello de su padre-, es entonces cuando el estómago nos da un vuelco y nos llenamos de vergüenza. Vergüenza de que algo así este ocurriendo aquí y ahora, en lo que todos consideramos nuestra justa «civilización desarrollada».