Compradores de odio


Como la semana pasada hablé de su desaparición, hoy debo decir que ha reaparecido Jack Ma, el fundador de Alibaba. Pero ha vuelto en un sentido virtual, porque nadie parece saber dónde anda ni qué le pasa, y disponemos apenas de un vídeo de cincuenta segundos en el que se dirige a cien maestros rurales ganadores de un concurso que patrocina su fundación y sin referirse a su misteriosa ausencia. Cincuenta segundos valorados en más de sesenta mil millones de dólares, lo que subió su empresa -si es que sigue siendo suya- en bolsa después de hacerse público el vídeo. Un pellizco recuperado de los 340.000 millones perdidos gracias a la intervención del Gobierno chino. No sé, pero da la impresión de que Jack Ma sigue, ausente. Por las imágenes, parece que le han hecho humillar, como a los toros bravos en la plaza.

En Estados Unidos, sin embargo, los jefes de las grandes tecnológicas han vuelto a seguir a @potus, la cuenta en Twitter del presidente, gestionada antes por Trump y ahora por Biden. El ecosistema mediático continúa derritiéndose en elogios al nuevo presidente y a su vicepresidenta. Como aquí. Solo un medio, Político, se ha atrevido a pedir un poco de sobriedad. Piensan que el extravincere, como dicen los italianos, hiere gratuitamente a setenta millones de personas y alimenta la polarización.

De la polarización hablamos en unas sesiones con editores brasileños. Me decían que sí, que no hay que satisfacer a los compradores de odio, provengan de un lado o del otro. Pero cómo, porque las audiencias reclaman su ración diaria y no están dispuestas a reconocer nada bueno en el enemigo. «Y si lo hacemos, me decían, nos lo echan en cara».

@pacosanchez

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