Italia, Fellini y aquella política

ANTONIO MASIELLO POOL

Cualquiera que haya visto una película de Federico Fellini puede comprobar que el director italiano exprime como pocos los aspectos psicológicos de los personajes. Así ocurre en su película E la nave va, donde el cineasta maneja con maestría el sarcasmo, la sátira y los vicios de la Belle Époque. Muchas generaciones piensan que viven en una Belle Époque. Al menos en las sociedades más avanzadas. Por eso se oye aquello de que ahora estamos mejor que los reyes y los nobles de los siglos precedentes. Naturalmente, si nos fijamos en los aspectos tecnológicos, médicos, educativos o de higiene es indudable. Pero todas las Belle Époque tienen sus momentos decadentes. Con su película, Fellini nos dirige una visión poética, surrealista, de la vida a través de un barco que navega, pero navega hacia no se sabe dónde.

Eso es lo que les pasa a los italianos, que aunque aparentan no navegar cuando el país cae en alguna de sus acostumbradas crisis políticas, sin embargo navegan. En realidad no hay un pueblo en Europa que sepa navegar mejor de espaldas a la política. Los italianos tienen la gran virtud de no creer mucho en sus políticos y hasta podríamos decir que allí la política es otra cosa. Desde que se estableció la democracia en el país transalpino, en 1945, ha habido 66 gobiernos. Es probable que sea el país europeo que más gobiernos haya tenido. Y desde la Segunda República, en 1994, se han sucedido hasta hoy 16 gobiernos con 10 primeros ministros. Si comparamos los cuatro grandes países europeos la diferencia es notable: Francia ha tenido cinco presidentes, al igual que España, y tres cancilleres Alemania.

Pese a todo, Italia ha tenido grandes políticos y algunos hasta incombustibles como Giulio Andreotti, que desde 1946 y hasta su muerte (2013) no dejó de tener ininterrumpidamente algún cargo. Cuando murió era senador vitalicio. De casta le venía al galgo ya que en la Segunda Guerra Mundial ejerció el periodismo en dos bandos. Por la mañana era fascista en el periódico Rivista di Lavoro y por la tarde demócrata cristiano en el periódico clandestino Il Popolo. Ahora Giusepe Conte se enfrenta a otra crisis de gobierno que para superarla tendrá que contar con tránsfugas de otros partidos, después de que le abandonara el minúsculo Italia Viva de Matteo Renzi. El problema de Italia es su sistema. Por un lado, cualquier partido puede bloquear una ley en la Cámara y el Senado; por otro, el transfuguismo, muy común, que da pie a la corrupción, y por último que cualquier partido por muy pequeño que sea, si no hay mayorías absolutas, puede derrocar al Gobierno. Cuatro veces han cambiado el sistema electoral en los últimos 27 años y las cuatro han fracasado.

En las instituciones europeas hay preocupación. Italia es el país que más ayudas va a recibir (209.000 millones de euros). Renzi ha provocado la crisis porque no está claro el destino de los fondos y hay mucho clientelismo. Algo de razón tiene y Conte se ha manejado con arrogancia con unos apoyos, el Movimiento Cinco Estrellas, que es populista. ¿Les suena esto? E la nave va.

Por Luis Grandal Periodista y profesor de Periodismo Internacional en la Universidad Carlos III

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