El youtuber y las cenizas


Mikel Bereziartua es el Arguiñano de YouTube. No cocina ni cuenta chistes, pero su poder de comunicación, su simpatía y cercanía con la gente le han llevado en poco tiempo a tener medio millón de suscriptores en sus dos canales de la plataforma de vídeos por Internet, Rekadista y Txatarrista. Pueden parecer pocos al lado de los casi cinco millones de Ibai Llanos o los más de 30 millones de Rubén Doblas Gundersen (elrubiusOMG), Samuel de Luque (Vegetta777) o Guillermo Díaz Ibáñez (Willyrex), pero a diferencia de estos los ha conseguido sin retransmitir partidas de Fortnite ni tener que invitar a jugadores de fútbol y otras estrellas que se prestan gustosas a ese juego de retroalimentación mediática en el que ambas partes obtienen más visibilidad y seguidores. Y sin soltar un taco o exabrupto cada veinte segundos, aunque bueno, a Mikel a veces se le escapa algún «ahí va la hostia pues».

Mikel trabaja como transportista, llevando en su furgoneta todo tipo de encargos principalmente entre San Sebastián y Zarauz, donde vive. Se pone al volante, conecta la GoPro y te cuenta su vida con un desparpajo y una sinceridad que enganchan. Lo cuenta todo: cómo restaura motos que compra de segunda mano o recoge abandonadas, cómo lo multaron cuando hacía una ruta transpirenaica a lomos de su BMW R12 de 1935 —y te pone el vídeo grabado in situ—, cómo pilló a un vecino que le robó el emblema del capó de su coche y otras ocurrencias, trucos para arrancar un vehículo que lleva años parado y tutoriales para arreglar uno mismo prácticamente cualquier cosa.

El nivel de exposición es máximo y en sus vídeos aparecen también de vez en cuando sus hijos Izaro y Ohier, de 18 y 10 años, y en menor medida su mujer. Pero hace unos días Mikel superó todo lo imaginable al subir una pieza de 43 minutos (el tipo tiene carrete) titulada «El último viaje de mi Padre». En ella mostraba cómo iba a recoger las cenizas de su aita fallecido y aprovechaba para relatar cómo había sido su vida y también su muerte, tras una operación de corazón que lo dejó como un vegetal en la uci. Y que tuvo que tomar la decisión de que lo desconectaran del respirador. Todo ello con la urna con los restos de su padre, sujeta con el cinturón de seguridad, en el asiento de copiloto.

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