Prudencia científica

Antonio Aguilera FIRMA INVITADA

OPINIÓN

TOBY MELVILLE | Reuters

La comunicación por parte del NERVTAG (Grupo Asesor de Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes del Reino Unido) de la existencia de una nueva variante de SARS-CoV-2, que presenta un aumento en la transmisión respecto a otras variantes, ha llevado al gobierno de Londres a endurecer las medidas de prevención entre su población y a otros países a restringir los vuelos con destino y procedencia a Gran Bretaña. Estas medidas, que están causando inquietud en un momento del año en que hay un gran incremento en las relaciones sociales y familiares, parecerían desproporcionadas si no fuese porque la pandemia de covid-19, que para algunos expertos iba a ser como la gripe, en menos de un año ha causado casi 1.700.000 muertos, de los que unos 50.000 pertenecen a nuestro país.

La nueva variante denominada VUI 202012/01 se caracteriza por la presencia de diferentes mutaciones, las más relevantes, sin duda, las situadas en la proteína S (N501T e Y145del), especialmente en la región conocida como «zona de unión al receptor», que desempeña un papel muy importante en la patogénesis de la infección. Según la información proporcionada parecen existir dos líneas de evidencia que demostrarían su mayor transmisión, una basada en aspectos virológicos como la carga viral y el incremento en datos genómicos, y otra línea epidemiológica basada en el número de reproducción (R0). Aunque no es fácil evidenciar la mayor transmisibilidad de una variante viral, el hecho de que estas dos líneas indiquen aumentos en la transmisión incrementan su solidez y por tanto parece prudente, sin alarmar, intentar reducir su propagación en el mundo como propone el centro Europeo para el Control de las Enfermedades (ECDC).

Desde la declaración de la pandemia por covid-19 ha habido un gran interés en explorar las variaciones genómicas del nuevo coronavirus y para ello se han desarrollado repositorios públicos de acceso abierto, como GISAID o Nextstrain, donde se almacenan los genomas procedentes de las cepas secuenciadas que proporcionan datos dinámicos y actualizados sobre el SARS-CoV-2, ofreciendo así una extraordinaria oportunidad para realizar estudios genómicos comparativos. Algunos de estos estudios, demostraron que a partir de marzo las variantes con la mutación D614G en la proteína S eran las responsables de un incremento en la transmisión del virus, e igualmente ocurría a partir del verano con las variantes que incluían simultáneamente las mutaciones A222V y A220V en las proteínas S y N, respectivamente, cuyo origen presumiblemente se situó en España, asociándose con la aparición de la segunda ola. Aunque el dato importante en ambos casos es que los datos clínicos asociados a los genomas no sugirieron ningún vínculo de las mutaciones con la gravedad de la enfermedad, el análisis realizado sí proporcionó la evidencia de una mayor infecciosidad.

Es lógico pensar que algo similar esté ocurriendo con esta nueva variante procedente de Gran Bretaña, aunque habrá que ser cautelosos y esperar a los próximos días o semanas a que los científicos británicos aporten, como han prometido, nuevos datos acerca de aspectos tan importantes como los referentes a reinfección, letalidad, distribución por edades e inmunidad. Y, mientras tanto, continuemos extremando todas aquellas medidas que impidan la transmisión del virus y sobre todo seamos prudentes en la interpretación de estos nuevos hallazgos hasta su confirmación o desmentido.