Silbar

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre MIRADAS DE TINTA

OPINIÓN

Oscar Vázquez

15 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Tuve esta semana una charla automática de esas que se tienen en el ascensor, la cola del banco o la peluquería. No soy de dar conversación cuando me corto el pelo, pero ese día me entretenía tarareando sin abrir la boca el adagio de Juego de Tronos cuando mi peluquera me sacó del trance: «Qué raro, está canturreando, ¿está contento? La gente que canta es porque está contenta, bueno no, a veces lo hace para espantar los males. Lo que cada vez es más raro es oír silbar a la gente».

Me quedé pensando y tiene toda la razón, cada vez se silba menos. Por un lado no me extraña, porque es más entretenido silbar en el campo, en la obra o en el taller que delante de una pantalla. Las pantallas enajenan y el silbar requiere un cierto grado de ensimismamiento.

Tampoco se ve a tanta gente lanzar esos poderosos silbidos castrenses que se dan con los dedos y la boca. Nunca conseguí aprender a silbar con los dedos (lo que me condenó al fondo de la tabla en la competición de machos alfa).