El autoindulto


Poco a poco, el Gobierno ha impuesto un clima de opinión en el que el debate ya no es si los presos del procés condenados por sedición van a salir de la cárcel sin cumplir sus penas, sino cuándo lo harán. O, más concretamente, en qué momento se producirá el autoindulto. Iglesias los quiere en la calle antes de Navidad. Sánchez, antes de las elecciones catalanas de febrero. Iceta, por interés electoral, después de esos comicios. Y Junqueras quiere salir hoy mejor que mañana. Ese es ya el único debate. Qué momento es más oportuno y a través de qué vía: indulto, reforma del Código Penal o ambas. Lo mismo da, porque tanto si burlan la condena con la medida de gracia, como si lo hacen reformando con carácter retroactivo el delito por el que se les condenó, el Gobierno y ERC se estarían indultando a sí mismos.

Y es que Oriol Junqueras no es un preso cualquiera. El reo por sedición es el socio preferente del Ejecutivo. Sin su orden de que se votara a favor de los Presupuestos, estos no habrían salido adelante. Y, por más que el Gobierno insista en que con las cuentas aprobadas tiene ya garantizados tres años de mandato, la estabilidad y la duración de la legislatura dependen de Junqueras tanto como de Pablo Iglesias, porque en el momento en el que ERC le retirara su apoyo el Ejecutivo no podría aprobar una sola ley. Independientemente de la opinión que ello le merezca a cada uno, ERC es socio al más alto nivel en la gobernabilidad de España. Un socio imprescindible, cuya lealtad depende de que el Gobierno saque a su líder de la cárcel. Y, por ello, si Sánchez acaba indultando a Junqueras y al resto de presos condenados por sedición, estaría utilizando en beneficio propio la prerrogativa de ejercer una medida de gracia que, obviamente, no fue incluida en la Constitución con ese propósito. Además, un indulto contra la opinión de la Fiscalía y del Supremo se parecería más a un emperador romano levantando su pulgar que a un acto democrático.

Pero aún más escandalosa es la otra vía emprendida para que los presos salgan a la calle sin cumplir su pena. La reforma exprés del Código Penal requiere la mayoría absoluta del Congreso. Para alcanzar esos 176 escaños, el Gobierno necesita ineludiblemente el voto a favor de los trece diputados de ERC. Con lo que, cuando se apruebe esa reforma, serán los conmilitones de Junqueras los que estarán cambiando las leyes para que sus líderes salgan de la cárcel sin cumplir la condena que les impuso el Supremo. Es decir, estarían burlando a la Justicia excarcelándose ellos mismos aprobando una reforma que, según admite el Gobierno, nunca se habría planteado sin su condena.

La posibilidad de que un preso sea indultado sin mostrar el mínimo arrepentimiento, solo porque el Ejecutivo necesita su apoyo, o la de que alguien se libre de la cárcel cambiando la ley con sus votos para rebajar o extinguir el delito por el que fue condenado, es una completa aberración política, judicial y democrática. Y, por más que ambas medidas sean legales, un Gobierno que promoviera ese autoindulto encubierto llevaría siempre un baldón en su expediente.

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