Trump, ¿adiós o hasta luego?


Nunca un presidente estadounidense había llegado tan lejos en la profundidad del fango. Las intervenciones de Donald Trump son propias de Kim Jong-un e indignas del máximo mandatario de un país democrático. Debería ser delito. Pero a Trump todo el mundo le ha dejado ir ensanchando su desfachatez y él ha acabado creyendo que jugaba con sus propias reglas. El Partido Republicano ha dejado que un monstruo le devore las entrañas. La herida reputacional es profundísima. Pero el desgarro electoral puede ser mayor a medio plazo. Algunos asesores de Trump aseguran que este estaría dispuesto a presentarse en el 2024. El tercero en discordia históricamente ha estado condenado a la insignificancia en un campo de batalla radicalmente bipartidista como es el americano. La lucha por la Casa Blanca es un pulso entre dos. Pero Trump no sería un independiente cualquiera. Estas elecciones demuestran que millones de votos siguen rehenes del millonario. En cuatro años, con esta crisis sanitaria y económica, los que vivieron los años dorados de General Motors no van a recuperar aquella vida con un trabajo asegurado y bien pagado. En EE.UU. recuperación de la clase media, tal y como se entendía antes, con capacidad de vivir dignamente, no está garantizada. No desaparecerán de un día para otro esos trabajadores en que viven en autocaravanas destartaladas porque no pueden permitirse una casa después del crack hipotecario y porque así pueden moverse por todo el país recogiendo las migajas del sistema, los empleos de temporeros que otros no quieren. Lo cuenta Jessica Bruder en el ensayo País Nómada. Supervivientes del siglo XXI, esa crónica de la desesperanza con la que se comprende en qué terreno ha echado raíces el trumpismo. Estados Unidos es un gran país que, en cuestión de destinos, tiene un clima continental. De extremos. Frío y calor. Sin zona templada. Con suerte y/o talento y/o medios, no hay trampolín igual, el sol brilla allí como en pocos lugares. Pero con el viento en contra puede convertirse en el sitio más gélido del mundo, sobre todo para aquellos a los que la vida les ofrece una mala casilla de salida o para los que arrastran problemas de salud.

Trump puede utilizar las infundadas acusaciones de fraude electoral como palanca para seguir indignando a los suyos, para azuzarlos durante meses y años. Muchos ya han comprado esa mentira. Adquirir falsedades convenientes suele ser barato. Lo caro es admitir verdades dolorosas. Además, los hijos de Trump parecen tener esa sed enfermiza de los que han saboreado el mayor de los poderes. El presidente saliente está en condiciones de plantear un chantaje a los republicanos: con nosotros o sin nosotros. En el 2024, los republicanos tendrían el fracaso asegurado si por la izquierda tienen a Kamala Harris iniciando su carrera desde la Vicepresidencia y por la derecha llegan Trump o cualquier miembro de la familia con sus fieles. Una vez que se le vende el alma al diablo es difícil decir adiós. Porque él suele responder con un «hasta luego».

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