Mala administración, peor gobierno

O.BARROSO.POOL

Si tuvieron noticia de la entrevista a la presidenta Ayuso realizada por la periodista Silvia Intxaurrondo en Telemadrid, imágenes que recordaban a El Grito de Munch, pueden comprender lo que es gobernar sin administración. La construcción de un hospital en Valdebebas se convierte en paradigma de mala gestión, donde ni siquiera se sabe con qué personal sanitario -ese bien maltratado y escaso- se podrá poner en marcha. Ignorancia sobre su administración.

Si esto ha resultado noticia ha sido más por el balbuceo y desconcierto de Ayuso ante su ignorancia sobre administración y gobernanza, que ella consideraba ajenas a su papel, que no porque sea extraordinario. Hace un mes el ministro Escrivá compareció en el Congreso para rendir cuentas sobre una de las decisiones de gobierno más importantes en este año, el Ingreso Mínimo Vital. Un millón de solicitudes, dos tercios tramitadas digitalmente, de las que solo se habían resuelto menos del 10 % casi seis meses después. Resultados de una mala estructura y gestión administrativa que sirvieron no solo para evidenciar una vez más la confrontación dentro del Gobierno con Pablo Iglesias, sino las debilidades de una falta de política y gestión en las administraciones públicas. Hasta el extremo de que el ministro Escrivá tuvo que acudir al grupo Tragsa, empresa pública que lo mismo sirve para un roto -gestionar barcos oceanográficos-, que para un descosido: sustituir a los escasos y mal gestionados funcionarios de la Seguridad Social. Y ni así.

Más recientemente ustedes habrán podido leer en La Voz la entrevista del periodista Ángel Paniagua al actual conselleiro de Sanidade: un desiderátum de silencios y negativas sobre la gestión y los medios sanitarios en Galicia y su Gobierno frente al virus. Tampoco hemos sabido de preguntas e interpelaciones sobre ello por parte de la oposición.

No les quiero entristecer recordando una de las medidas estrella del Gobierno de Rajoy en 2012, con la creación de la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas, la CORA, y sus autoaplaudidas 222 medidas; así como la creación de la Oficina para la Ejecución de la Reforma de la Administración (Opera), con ocho personas, lideradas por la Vicepresidencia del Gobierno, y sus resultados.

La realidad es que nuestras administraciones responden a modelos envejecidos, lógicas corporativas y politizadas, gestión de recursos humanos obsoleta y carencia de innovaciones organizativas, más allá de una mala autogestión dirigida por cuerpos de funcionarios con lobbies en su seno. Lejana queda aquella Radiografía sobre los Altos Cuerpos de la Administración, reflexión realizada en el desaparecido semanario Ahora. Por ello no extraña que en las encuestas y estudios sociológicos, si bien se valora en positivo a determinados profesionales públicos como médicos, profesores y policías, no se hace con la administración pública en su conjunto. Y mal contando, en ella trabajan más de tres millones de personas. Piensen en ello, es de su interés.

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