La censura por la culata


Las mociones de censura las carga el diablo. Se sabe cómo empiezan, pero no como terminan. Y su resultado casi nunca es el esperado, más allá de los números que refleje el marcador tras la refriega parlamentaria. El éxito de la que presentó Felipe González, pese a perderla, ha hecho creer a algunos que cualquier político, por el hecho de presentarla, tiene ya ganada la batalla. Pero que se lo pregunten a Antonio Hernández Mancha. La moción de censura de Vox se nos presentó como un infierno para Pablo Casado, que iba a salir del debate listo para despiece después de ser vapuleado por Abascal y rematado por Sánchez e Iglesias, encantados de que Vox les sirviera en bandeja la cabeza del líder popular. Pero sucede que cuando las expectativas se sitúan tan altas raramente se cumplen, porque basta que la víctima prevista salga viva para que se considere un triunfo. Y Casado salió ayer no vivo, sino redivivo, mientras Abascal sale escabechado de una moción con la que ha dado su verdadera talla política, muy pequeña, y Sánchez se queda totalmente descolocado.

Vox, el PSOE y Podemos cometieron la torpeza de convertir al líder del PP en el protagonista de la moción de censura. Cuando el censurador, el censurado y sus socios se centran en atacarle a él, eso evidencia que todos ellos saben que Casado es el único que puede acabar sustituyendo a Sánchez.

La moción permitió al líder popular hacer el discurso que muchos esperaban hace tiempo, demostrando que el PP no es lo mismo que Vox, situando a Abascal en su sitio y retratando a un Gobierno ineficaz, radical y populista sostenido por los que odian a España y los herederos de ETA. A Vox y al Gobierno, la censura les ha salido por la culata.

Casado es hoy más líder que ayer. Y lo es, precisamente, por no dejarse arrastrar por las encuestas y a costa de llevar la contraria a algunos militantes y votantes de su partido. Su discurso fue el mejor de una ramplona moción de censura y el único con verdadera trascendencia. Tumbó a Abascal, dejó fuera de juego a Sánchez y sorprendió a Iglesias, que solo supo responder con un patético tono de perdonavidas y recitando un discurso ya escrito que, tras el golpe de timón de Casado, sonó anacrónico. Antes que él, cuatro diputadas de Unidas Podemos respondieron al populismo con populismo y a la exageración con exageración, demostrando así que los extremos se tocan.

La derecha tiene todavía un largo camino hasta regresar al poder. Pero, después del discurso de Casado, está sin duda mejor armada para ello. No lo conseguirá desde luego con la demagogia radical, trumpista y antieuropea de Abascal, que es la que conviene a la izquierda y el separatismo, sino reunificándose en un proyecto moderado pero firme contra un Gobierno que avergüenza a España ante una Europa que le ha obligado a olvidarse de su impresentable proyecto de asalto al Poder Judicial. Cuanto antes lo comprendan los votantes de la derecha, incluidos los que votan a Vox como vía de escape a su comprensible indignación, a los que ayer apeló Casado, antes se producirá en España la alternancia política.

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