La pandemia de coronavirus no solo se ha llevado por delante la vida de más de 50.000 personas, una economía ya debilitada, decenas de miles de empresas y negocios, nuestra vida social y hasta nuestras alegrías y sonrisas. La pandemia está afectando seriamente al modelo del estado autonómico que nos dimos hace cuatro décadas y amenaza con dejarlo inservible.
Los presidentes de Galicia, Andalucía y Castilla-La Mancha se han cogido de la mano para salir juntos a defender la España autonómica frente a los populismos y la inestabilidad de la política estatal. Deberían de defenderla ante ellos mismos. Porque nadie está causando más estragos a la España plurinacional que sus dirigentes, obsesionados con la rentabilidad política y con llevar la ruina al adversario. Autonomías y Estado viven enfrentados porque sus responsables así lo quieren.
En los últimos meses asistimos a 17 formas de entender España. Porque sufrimos 17 estados de alarma, 17 gestiones sanitarias, 17 modelos sanitarios, 17 modelos educativos, 17 deslealtades y 17 agravios. Cada uno hizo la guerra por su cuenta para dejar en evidencia el desorden que preside su funcionamiento y poner en cuestión su eficacia. Han aflorado los defectos y debilidades que tienen su origen en aquel «café para todos».
A quienes se oponen visceralmente al Estado autonómico se les están otorgando argumentos más que suficientes para evidenciar el fracaso de una forma de gestionar España a la que el coronavirus pone en evidencia de nuevo. Nadie duda a estas alturas de que la pandemia va a cambiar de forma significativa nuestras vidas. Y que no lo va a hacer para mejor. Sumidos en el desasosiego, como estamos, solo nos cabe batallar por tratar de no perder lo que tenemos. Y las autonomías están en peligro.
Dijo Mariano Rajoy en A Toxa que cuando «una administración dice una cosa y la otra dice lo otro (sic), es absolutamente lamentable». Lo sabrá él. Y los suyos. Porque aunque el problema no es nuevo, los últimos enfrentamientos lo están situando en un lugar preocupante. Al zarandeo que a esta España autonómica le dieron Ibarretxe o Puigdemont se unen los últimos garrotazos del todos contra todos. Y este no es el estado de las autonomías que nos quisimos dar. Ni el que queremos. Porque así no nos sirve.